PSICOLOGÍA / SOCIEDAD

Premian tres décadas de labor destinada a entender el aprendizaje

Rebeca Mejía, doctora en psicología, investigadora y profesora del ITESO, recibió un reconocimiento estatal a sus 30 años de trayectoria, en los que ha aportado diversos hallazgos para entender cómo aprendemos y nos desarrollamos en sociedad.

Se tituló de Psicología en el ITESO con una tesis que trataba de responder cómo reaccionaban las personas cuando invadían su espacio personal en los transportes urbanos.

Rebeca Mejía

Era 1980 y ya se empezaban a acumular en la cabeza de Rebeca Mejía diversas preguntas en torno a cómo funciona individual y socialmente la mente humana, cómo se desarrolla, cómo aprende lo que aprende y qué tanto tiene que ver el entorno que la rodea.

Mucho, descubriría años más tarde gracias a sus investigaciones y al rigor científico que aplicó a los proyectos que durante 30 años de trayectoria han engrosado su currículum y los cuales significaron que el Colegio Estatal de Psicólogos en Intervención de Jalisco, AC, le otorgara el 23 de mayo el premio a la Investigación y Generación del Conocimiento de la Ciencia de la Psicología.

“Estoy muy satisfecha con las oportunidades que he tenido y las he sabido aprovechar”, afirma Mejía, quien en su discurso de agradecimiento subrayó que el premio no era solo para ella, sino para todos los colegas y mentores con los que ha trabajado durante este tiempo, entre ellos el padre José Antonio Orozco (ITESO) o la doctora Barbara Rogoff (Universidad de California en Santa Cruz, donde con ella como guía hizo su Doctorado en Psicología del Desarrollo).

En la misma ceremonia el Colegio premió como “Promesa de la psicología” a Itzel Aceves, egresada del ITESO y alumna de Mejía, con quien trabajó en el Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) “Desarrollo infantil de la literacidad”; ambos casos fueron propuestos y apoyados por el Departamento de Salud, Psicología y Salud de la universidad por medio del académico Everardo Camacho y la coordinadora de Psicología, Vanessa Medrano.

El tenso Londres de los 80

Antes de dar sus primeros pasos como investigadora en el Centro Polanco (proyecto itesiano con niños de escasos recursos en el oriente de Guadalajara), de estudiar cuestiones de criminología entre menores infractores de Jalisco, de echar a andar un par de investigaciones con alumnos, personal y profesorado del ITESO o de empezar a indagar en la relación entre hábitos de vida y estructura del pensamiento, Mejía vivió unos tiempos intensos en la capital británica durante su época como estudiante de la Maestría en Psicología Social en la London School of Economics.

Era 1982:

“Me tocó la guerra de las Malvinas allá, una situación que nos afectó a todos los latinos. El tiempo de Margaret Thatcher era impresionante, se sentía la tensión en las noticias… A mí me tocó una serie de bombazos en uno de los parques más bonitos de Londres, el Hyde Park, que fueron puestas por el movimiento del IRA. Después de que los capturaron, Thatcher dijo: ‘Un criminal es un criminal y no los voy a procesar como presos políticos’. Fue un periodo muy interesante”, rememora esta integrante del Sistema Nacional de Investigadores.

Una vez de regreso en México Mejía se integró al extinto Departamento de Ciencias Sociales del ITESO, donde comenzó a forjarse como investigadora al lado del padre Orozco y gente como Antonio Ray, Anita Nielsen, Lorena Herrero o Luis Felipe Gómez, a quienes agradece todas sus enseñanzas en el campo del desarrollo cognoscitivo.

“Mi primera investigación propia y formal fue sobre la relación entre los hábitos de vida y la estructura de pensamiento, una investigación que hicimos al interior del ITESO con estudiantes de Arquitectura y Psicología”, señala Mejía, quien encontró que las personas que en su infancia tuvieron hábitos de orden y colaboración, desarrollaban como adultos un pensamiento más estructurado.

“Eran por ejemplo los jóvenes que nos reportaban que desde pequeños les tocaba arreglar su cuarto, tender la cama o recoger la mesa –así fueran niños o niñas–, a diferencia de los niños a los que sus padres les decían: ‘Haz la tarea cuando sea, puedes ver cinco horas de televisión, no tienes horarios’ y su pensamiento era más desordenado, más confuso”, explica la doctora.

“El desarrollo del pensamiento está impactado por la cultura, por el modo y el estilo de vida de los grupos culturales… A mí me apasionó esa línea y desde entonces [mediados de los 80] quedé convencidísima de que el desarrollo psicológico está totalmente influido por las formas de organización e interacción de las personas y que los artefactos que produce la cultura impactan diferencialmente a distintos estratos sociales”.

Tres décadas… Y lo que falta  

Entre los numerosos proyectos en los que ha participado a lo largo de 30 años como profesional, destacan el libro Interacción social y activación del pensamiento. Transformación del estilo docente, escrito junto a Sergio Sandoval y editado por el ITESO; su participación en el Proyecto DOLE (literacidad de niños en Estados Unidos y México) o la coordinación del ya citado PAP, el cual ha dado muy buenos resultados en primarias de la Zona Metropolitana de Guadalajara y recibió una Mención honorífica por parte del Premio Pedro Arrupe 2013.

“Ahora mi línea tiene que ver más con el aprendizaje no escolar, observar cómo los niños y las familias al interactuar van desarrollando aprendizajes muy valiosos en los niños, en los jóvenes y en los adultos”, señala Mejía, quien añade:

“Mi enfoque es de contraste cultural: he investigado niños migrantes en Estados Unidos en contraste con el niño anglosajón promedio de clase media; niños indígenas de México con niños urbanos, etcétera, siempre con un enfoque sociocultural: ¿Cómo los niños aprenden en su comunidad, en su familia, cómo se les enseña en la escuela?”

Mejía espera que este año el ITESO edite un nuevo libro en el que escribió junto a varios colegas de esta institución y otros foráneos: Desarrollo psicocultural de niños mexicanos. Cuando se le pregunta si le sorprende escuchar a la gente decir que los niños ahora nacen con la habilidad innata de manejar un iPad o un teléfono inteligente, responde categóricamente que no.

“No me sorprende para nada; lo que mueve el desarrollo de las personas es el contexto cultural. La gente piensa que los niños aprenden en la escuela, y si [los padres] le avientan al niño un iPad desde que tiene dos años y no compensan esta acción con otras actividades, el niño va a tardar en hablar, porque aunque sepa manejar el iPad muy bien, puede ser que el niño no desarrolle su lenguaje”.

Una de sus inquietudes a futuro es precisamente desarrollar programas y recursos para que los padres sepan estar más alerta a las cosas que no son convenientes para el aprendizaje integral de sus hijos, de manera que puedan equilibrar lo que reciben en la escuela, en las clases de ballet o natación y en el hogar.

“Por ejemplo, la parte emocional del desarrollo de los niños está muy descuidada en todos los niveles por pasar tantas horas escolarizados”, lamenta Mejía, quien asegura que algunos de sus descubrimientos como investigadora los ha intentado aplicar con su hija de 27 años, quien recientemente terminó la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en el ITESO. Las ciencias sociales al servicio de la realidad. Texto Enrique González Foto Luis Ponciano

 

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