ASTRONOMÍA

Piedras de fuego en el cielo: la entrada de asteroides a la atmósfera

La Semana de la Astronomía comenzó con una conferencia a cargo de Guadalupe Cordero Tercero, investigadora de la UNAM, quien explicó cómo sucede la entrada de asteroides a la Tierra y compartió sus experiencias investigando estas rocas extraterrestres.
POR ÉDGAR VELASCO

Un tapiz del año 1066 de nuestra era muestra a una piedra con rostro arrancando un pedazo de planeta. Quien hizo el tapiz hace más de mil años no lo supo, pero estaba haciendo un retrato del cometa Halley. En unas crónicas también por allá del año mil, aparece representada la caída de un gran dragón, mientras que san Procopio es célebre por haber detenido, allá por 1290, una lluvia de fuego. Todos estos acontecimientos se apegan a la descripción que hizo un habitante de Tunguska, en Siberia, a mediados de 1908, cuando cerca de las ocho de la mañana se hizo como fuego a plena luz del día y hubo chiflidos y explosiones y polvo y bolas de fuego y sismos. Todas las narraciones han explicado, a su manera, el mismo fenómeno: la entrada de asteroides a la Tierra. Todo esto fue retomado por Guadalupe Cordero Tercero en el arranque de la Semana de Astronomía en el ITESO.

La investigadora de la UNAM impartió la conferencia “Espectáculo de luz y sonido la entrada de cuerpos pequeños a la atmósfera terrestre”, que estuvo centrada, precisamente, en explicar a los asistentes cómo es que ocurren estos fenómenos. Tomó como punto de partida el llamado “evento de Tunguska”, ocurrido el 30 de junio de 1908, cuando un objeto de 60 metros de diámetro entró a la Tierra y explotó a 10 kilómetros de altura, devastando los árboles en un área de 2,500 kilómetros cuadrados, lo que es más grande que la del territorio de la Ciudad de México. El evento es uno de los más importantes de los que se tiene registro y uno de los más estudiados, por lo que ese día, el 30 de junio, se celebra el Día del Asteroide, explicó Cordero Tercero.

Como buena divulgadora, aclaró algunos términos que, dijo, se usan indistintamente, aunque no de manera correcta. Así, explicó que un meteoroide es un cuerpo celeste que orbita en la tierra y que puede medir desde un metro; un meteoro, en cambio, es el fenómeno luminoso que produce un meteoroide al entrar a la Tierra, pero sólo mientras brilla: una vez que deja de brillar se convierte en bólido; finalmente, el meteorito —que la investigadora prefiere llamar meteorita por la raíz francesa de la palabra—, que es la pieza sobreviviente y que finalmente cae a la superficie terrestre y puede ser recuperable. “A la atmósfera entran asteroides a una velocidad de entre 11 y 72 kilómetros por segundo. Todo el tiempo está cayendo material extraterrestre”, dijo la investigadora.

Para dimensionar la cantidad de energía que produce un objeto que entra a la Tierra, Guadalupe Cordero tomó como punto de comparación una vieja conocida: la bomba atómica. Así, detalló, un objeto de diez metros de diámetros puede producir 75 kilotones, equivalentes a la explosión de cinco bombas atómicas; uno de 100 metros genera 75 megatones, es decir, cinco mil bombas atómicas; un objeto de un kilómetro produciría 75 mil mega tones, o el equivalente a cinco millones de bombas atómicas. Para darse una idea, se estima que el bólido que impactó en Yucatán, al que se atribuye la extinción de los dinosaurios, medía entre 10 y 18 kilómetros de diámetro.

Guadalupe Cordero Tercero también explicó que hay tres tipos de asteroides: los Apolo-Atón, que cruzan la órbita con la Tierra; los Amor, que no cruzan, pero sí están “cerca” —considerando que están entre una y dos veces la distancia de la Tierra a la Luna— y los Atira. Entre los Apolo-Atón hay 157 objetos que miden más de un kilómetro y que están en observación permanente ya que son potencialmente peligrosos para el planeta. O, mejor dicho, para quienes en él habitamos, puntualizó la investigadora, quien dedicó una charla a hablar del evento de Allende, en Coahuila, ocurrido en febrero de 1969 y que dio como resultado la meteorita más estudiada del planeta, con una edad de 4,567 millones de años y que ha sido usada como referencia para calcular la edad de nuestro Sistema Solar.

También compartió sus experiencias investigando un evento ocurrido en 2010 en los estados de Puebla e Hidalgo, así como otro de 2011 en la frontera entre Zacatecas y Aguascalientes sobre el que no pudieron recabar mucha información porque, al llegar a la zona calculada donde podrían encontrar meteoritas, “nos dijeron que no podíamos pasar porque era zona de narcos”.

La investigadora también habló de Citlalin Tlamina (que en náhuatl significa meteoro), que es como se ha nombrado a la Red Mexicana de Meteoros, que busca instalar una serie de estaciones para observar, registrar y estudiar la entrada de cuerpos extraterrestres a la atmósfera. Y es que, dijo Guadalupe Cordero, “observar la órbita de estos objetos nos permite anticipar el futuro”. La investigadora de la UNAM compartió que actualmente hay incluso un concurso de la NASA para buscar alternativas “no destructivas” de asteroides que permitan prevenir un impacto mayor, y concluyó haciendo énfasis en la importancia de la información “para evitar que pasen cosas como esta”, dijo mientras proyectaba una imagen en la que se podía leer un listado de servicios de medicina alternativa que concluía con un certero “Se inyectan asteroides”, que provocó la risa del público.

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