Desde hace muchos años, la historia de Covarrubias Álvarez camina a la par de la del ITESO: ha sido alumno, profesor, cofundador de la Escuela de Diseño y su director. En agosto recibirá el Premio a la Trayectoria Académica que concede la asociación Diseña México, como un reconocimiento a su trabajo como diseñador y como promotor de un oficio que, dice, “come en una mesa aparte dentro de una universidad” 

En alguna ocasión, al recibir uno de los tantos premios que recibió en vida, el diseñador Vicente Rojo dijo sentirse muy bien. Mencionó que, por lo general, quien recibe un reconocimiento afirma que el premio es inmerecido lo que, para él, significa hablar muy mal de quienes decidieron conceder dicha distinción. Era como decir que habían hecho muy mal el trabajo. Por eso él, ese día, decidió decidir lo contrario. Ese mismo camino ha decidido seguir Felipe Covarrubias: al recibir la noticia de que recibirá el Premio a la Trayectoria Académica que otorga Diseña México, menciona: “Vamos pensando igual que mi maestro, Vicente Rojo: que [el premio] es merecido y que las personas que decidieron dármelo hicieron muy bien su trabajo”.

Felipe Covarrubias (Guadalajara, 1945) debe ser una de las figuras más reconocidas del ITESO, y no es para menos: estudió Arquitectura —tres años en la Ibero y tres con tesis en el ITESO—, una vez egresado en 1969, ese año comenzó a dar clases en septiembre; también estudió Tipografía y Foto en Londres, en 1977; fue cofundador de la Escuela de Diseño, misma que dirigió y su pasión por el aula ha trascendido la frontera de la jubilación. “Creo que soy uno de los tres profesores que tienen más años. Es decir, dando clases, no edad, que también son muchos”.

A la par, consolidó una trayectoria que comenzó en las oficinas del entonces Departamento de Bellas Artes —hoy Secretaría de Cultura de Jalisco—, a donde llegó por recomendación de Fernando González Gortázar. “Me presentó con el jefe y le dijo: ‘Esta es la persona que ustedes necesitan’. Yo no sabía a qué iba, pensaba que iba a aprender, pero sucede que era para ser jefe de la Oficina de Diseño Gráfico”, recuerda Covarrubias y comparte que a los quince días ya había renunciado: sus conocimientos distaban mucho de lo que se necesitaba en la llamada “vida real”. Hasta que el papá de Bernardo González —el actual coordinador de Casa ITESO Clavigero y a quien conoce “desde que estaba de este tamañito”— le preguntó por qué la renuncia. “‘Porque no sé hacer todo eso’”, le dije y me respondió: ‘No, pero lo puedes aprender’”. Y vaya que lo aprendió: cuenta que lo que en la escuela se lleva aprender cuatro años, él lo aprendió en tres meses. Luego se fue al taller de Vicente Rojo y el aprendizaje ocurrió en semanas. “Este curso intensivo me hizo diseñador y me sigue teniendo aquí”, afirma.

El camino recorrido a lo largo de casi 60 años le da la autoridad para afirmar que “el diseño es un oficio que se aprende en el taller, en el hacer”. Tiene la firme convicción de que “el diseño come en una mesa aparte dentro de una universidad, porque no es una profesión”. Para explicar su punto, pone un ejemplo bastante elocuente: “Profesar quiere decir creer en algo, pero el diseño si una silla es incómoda, no te puedo hacer creer que está cómoda. Y si te convenzo, eres un pendejo porque la silla es incómoda pero como yo la diseñé, te convenzo de lo contrario. Pero solamente las nalgas propias saben si la silla es cómoda o no, y eso sólo se logra con la práctica”.

La carta en la que informan a Felipe Covarrubias que recibirá el Premio a la Trayectoria Académica —cuya ceremonia tendrá lugar en agosto próximo— señala que fue elegido por “su destacada trayectoria como diseñador y promotor del diseño”. Y es que además de su labor en las aulas y ejerciendo el oficio, “he andado del tingo al tango”, dice y cuenta que ha dado clases, talleres, charlas, conferencias en 14 países y en cada lugar que ha visitado ha buscado siempre entablar amistad con colegas con un objetivo: invitarles a venir al ITESO. “Organicé como diez jornadas internacionales de diseño y en ellas vinieron como invitados los mejores diseñadores del mundo, sobre todo gráficos, pero también de interiores, industriales, de prendas. Así fui promoviendo la cultura del diseño”.

En todo este camino, Felipe Covarrubias ha sido testigo de innumerables cambios: de herramientas, de métodos de trabajo, de máquinas para impresión, etcétera. Y también de cómo se ha transformado lo que él llama la cultura del diseño. “Ha sido un triunfo, porque ya se habla de cultura del diseño. Antes se decía ‘esto está bien hecho’ o ‘esto está mal hecho’. Ahora se dice ‘está bien diseñado’”. Sin embargo, señala que el reto sigue siendo ofrecer al estudiantado, es decir a los y las diseñadoras en formación, aprendizajes con los cuales conecten. En esa línea, hacer que tengan contacto con la mayor cantidad posible de variables del diseño.

“Se oye mal la palabra, pero la escuela debería obligar a los alumnos a tener por lo menos una vez una de las disciplinas del diseño, para que tengan un panorama más completo”. Y reitera lo ya dicho momentos atrás: el trabajo de taller es clave. “El peligro que tiene la carrera de Diseño es que se burocratice a tal nivel que se pierda el sentido de taller. Los tallares son la base de la escuela, porque ahí está el hacer”, concluye Felipe Covarrubias.

FOTO: Zyan André