Representantes de distintas universidades jesuitas del país se reunieron para dialogar sobre los avances, los retos y las proyecciones que abre la nueva guía provincial en materia de género

En 1995 se aprobó el decreto 14 de la Congregación General 34, que llamó a reconocer la situación de las mujeres en la Iglesia y en la sociedad, a escuchar sus voces y a revisar prácticas que sostenían desigualdades históricas. Con el tiempo, distintos espacios retomaron la labor. En 2019, la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL), creó el Grupo de Género e Igualdad, y en 2021 el Padre General Arturo Sosa, SJ, instauró la Comisión sobre la función y las responsabilidades de las mujeres dentro de la Compañía.

En México, el proceso tomó forma concreta en 2022, cuando se creó la Comisión de Género de la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús. Desde entonces trabajó en el documento Orientaciones fundamentales para la inclusión de la perspectiva de género en la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús, una guía publicada a finales de 2025 para orientar de manera conjunta la construcción de comunidades más justas, seguras e inclusivas.

“Salvo Ecuador, ninguna hay ninguna otra provincia que haya emitido un documento como este en la CPAL” dijo Alejandra Nuño, coordinadora del Programa institucional para la igualdad de género del ITESO, durante el conversatorio “Orientaciones fundamentales para la inclusión de la perspectiva de género en la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús: Una apuesta para la paz y la justicia”, moderado por Guadalupe Orozco, coordinadora de la Comisión para Atender Casos de Violencias de Género en el ITESO.

Las orientaciones como una hoja de ruta compartida

Durante el conversatorio, Nuño recordó que el documento se elaboró escuchando a diversos sectores y consultando casos. Subrayó que implementarlo requiere voluntad, método, continuidad y un diagnóstico constante. “Es fundamental la socialización […] la elaboración de diagnósticos y planes de acción. Por ello hemos estado insistiendo en una instancia expresa que dé seguimiento”, dijo. Las orientaciones, añadió, no están pensadas como un estándar fijo, sino como un piso común desde el cual cada institución pueda avanzar.

Por su parte, Galilea Cariño, directora de la Defensoría de Derechos Universitarios de la IBERO Puebla, habló sobre los contenidos del documento. “El hecho de que se llamen orientaciones nos permite dialogar con cada uno de estos puntos aspiracionales hacia la inclusión, y eso es maravilloso”. Explicó los seis ejes centrales: sensibilizar ante las injusticias, crear espacios seguros, apropiarse de conceptos que fomenten relaciones igualitarias, impulsar procesos formativos, garantizar la atención adecuada a casos de violencia y construir políticas que permitan la institucionalización de la perspectiva de género. Estas líneas, dijo, buscan que cada institución revise sus prácticas con sentido crítico.  

Los retos: entre presupuestos, resistencias y aprendizajes

Daniela Martínez, encargada del Programa de derechos humanos y educación para la paz de la IBERO Torreón, habló de la implementación de las orientaciones en la vida diaria universitaria. Expuso que transformar la comunicación institucional para incluir lenguaje incluyente, sensibilizar a las comunidades y fortalecer espacios de formación no ha sido una tarea sencilla. “También, el desafío más importante, siempre ha sido el tema de los presupuestos […] lo que nos obliga a pensar estrategias creativas”, añadió.

Insistió en que estos procesos demandan claridad y acompañamiento. Al hablar del trabajo de los comités de género, señaló: “La intención es que de verdad tomen responsabilidad en sus acciones, entiendan por qué están pasando estas sanciones y que estas sean proporcionales a la falta que se comete”. Sin embargo, recordó que nada de esto es estático: “Es un trabajo permanente porque la vida universitaria es muy dinámica […] llegan nuevos tipos de violencia y hay que estarnos actualizando constantemente”.

En paralelo, Cariño advirtió que en México persisten condiciones de impunidad que desalientan la denuncia: “Hay una falta de convencimiento de denunciar, porque en efecto muchos casos no cierran como se espera”. La justicia restaurativa puede ser una vía para reconstruir confianza y garantizar que las rutas de atención no revictimicen.

“Una labor permanente”

Para Michelle Gama, directora del Centro de Estudios Críticos de Género y Feminismos de la IBERO, Ciudad de México, las orientaciones llegan en un momento crucial. “La agenda de género en la provincia atraviesa un momento interesante y muy potente”, señaló. En los últimos años, instituciones del Sistema Universitario Jesuita han construido nuevas políticas y protocolos. Aun así, recordó, que “históricamente todo esto es muy joven”. De ahí que la clave esté en sostener los esfuerzos de forma colectiva “Las agendas de igualdad se fortalecen cuando existen redes, cuando se comparten metodologías, cuando se comparan experiencias”.  

En palabras de Gama, este es un trabajo urgente en un contexto marcado por “el regreso de discursos autoritarios, de totalitarismos y por la circulación permanente de desinformación”. Ante ello “la esperanza y la resistencia se vuelven prácticas indispensables”.

 

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