En la conferencia “Reconstruir desde la herida: paz y resiliencia comunitaria”, María Patricia González destacó cómo la investigación académica y la participación de las comunidades son claves para procesos de resiliencia, reparación y garantías de no repetición
Durante 36 años, Guatemala vivió una guerra interna que dejó más de 200 mil víctimas y 600 masacres documentadas. El conflicto, que se extendió de 1960 a 1996, concluyó simbólicamente con la firma de los Acuerdos de Paz, pero la marca de la violencia permaneció en las vidas de las víctimas. Las comunidades de pueblos originarios fueron las principales afectadas, quienes enfrentaron no sólo pérdidas humanas, sino también la destrucción de su tejido social y cultural.
En medio de ese dolor, surgieron procesos de resiliencia y empoderamiento: mujeres quichés que llegaron a impulsar juicios históricos, comunidades que levantaron monumentos en memoria de sus muertos y colectivos que reivindicaron sus derechos desde su propia cosmovisión. Estos ejemplos son más que historias; son lecciones sobre cómo reconstruir la vida después del genocidio.
El contexto anterior fue expuesto por María Patricia González, profesora de la Maestría en Derechos Humanos y Paz del ITESO, durante la conferencia «Reconstruir desde la herida: paz y resiliencia comunitaria». Los datos provienen de la investigación Reforma del sector seguridad y justicia transicional en Guatemala, desde la perspectiva sistémica de los derechos humanos, realizada por González y constituyen un ejemplo de cómo la academia puede involucrarse activamente en la comprensión de procesos complejos y colocar en la agenda temas que hoy resultan cruciales para las sociedades.
“(La investigación), es una oportunidad para colocar esos temas que ahora nos preocupan, sobre todo a los jóvenes, en la agenda académica”, afirmó González. La describe como una herramienta clave en los procesos de transición ya que permite aprender de la experiencia y con ello generar recomendaciones para fortalecer la institucionalidad democrática. También habló de los puntos cruciales de la justicia transicional. También cómo la investigación académica realizada con perspectiva de derechos humanos debe ser rigurosa en su metodología, pero también sensible a la dimensión humana.
Explicó que, el estudio de conceptos como los derechos humanos y la paz estuvieron históricamente vinculados, con el tiempo se separó y especializó. Sin embargo, su relación sigue siendo esencial.
La especialista destacó que la reconstrucción de la paz debe incluir la participación de las víctimas y sus comunidades, como ocurrió en Guatemala. Esto les permite afrontar su dolor en sus propios términos y garantiza que la reparación tenga sentido desde su cosmovisión, evitando procesos que puedan resultar revictimizantes. “Las comunidades indígenas tienen procesos de resiliencia y empoderamiento propios, que no siempre son los cánones establecidos, pero son los procesos auténticos de colectividades muy particulares […] Tienen su propia visión de cambiar el mundo y de cómo transitar de un evento tan difícil a la línea de la vida”, explicó.
Finalmente, González Chávez subrayó que uno de los retos actuales de la academia es posicionar estos temas desde el sur, la mirada latinoamericana: “En castellano llevamos 20 años haciendo el esfuerzo por trabajarlos en castellano, dándoles el valor desde nuestro entorno. La teoría la seguimos construyendo y la seguimos posicionando en castellano desde nuestra mirada”, puntualizó.
