En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, Eduardo Vargas, profesor del ITESO y especialista en intervención en crisis, comparte algunas claves para reconocer señales de alerta, acompañar a una persona en riesgo y prevenir una conducta suicida
Para prevenir algo es necesario conocer aquello que se quiere evitar, sus posibles consecuencias y, sobre todo, cómo se origina. En el caso del suicidio su explicación va más allá de un solo motivo. Rastrear el origen de una crisis suicida implica reconocer un entramado de circunstancias personales, familiares, sociales y culturales. La labor de la prevención, entonces, no consiste únicamente en identificar cuándo una persona está en riesgo, sino en comprender cómo, cuándo y dónde puede comenzar a germinar esa pérdida de sentido.
Para Eduardo Vargas, profesor del Departamento de Psicología, Educación y Salud del ITESO y especialista en intervención en crisis, la conducta suicida es un fenómeno multifactorial. Más que una decisión repentina o un acontecimiento aislado, se trata de una situación compleja que puede alimentarse desde múltiples frentes y manifestarse de formas distintas en cada individuo. “En un intento de suicidio hay variables neuroquímicas, psicológicas y socioculturales“, explica Vargas, quien trabajó durante 28 años como interventor en Crisis en la Cruz Verde de Guadalajara.
Vargas asegura que el 80 por ciento de las personas con riesgo suicida llegan a expresar esta ideación. Estas manifestaciones pueden aparecer a través de palabras o comportamientos que los especialistas llaman “gestos suicidas”. “Un gesto suicida es una verbalización o una conducta“, explica. Frases como “mi familia estaría mejor sin mí“, “ya no voy a causar problemas“ o “voy a hacer un viaje muy largo y quizá no regrese“ encienden inmediatamente las alertas de los profesionales.
Además de las verbalizaciones, existen otras señales. Llamar de madrugada para despedirse de alguien, regalar objetos con valor sentimental o poner en orden un testamento pueden ser indicios de alerta cuando aparecen acompañados de expresiones de desesperanza. Vargas aclara que estas conductas no deben interpretarse de forma aislada. “Una persona que pone en orden su testamento no necesariamente significa que alguien se quiera suicidar“, advierte. Lo importante es observar el contexto y el conjunto de señales presentes.
El psicoterapeuta sostiene que la prevención requiere de estrategias integrales que involucren a todos los sectores de la sociedad. “Es un fenómeno que tiene muchas variables en juego, no es un fenómeno aislado“, señala.
En México este problema de salud pública afecta principalmente a jóvenes de entre 14 y 24 años en México.
Desde la salud pública, Eduardo Vargas explica que una de las responsabilidades más importantes del Estado consiste en promover la salud mental. Esto implica desarrollar campañas de información, fortalecer los servicios de atención y generar estrategias orientadas a distintos sectores de la población. También considera necesario utilizar medios de comunicación, plataformas digitales y redes sociales para acercar información confiable sobre bienestar emocional y recursos de ayuda. Para el académico, visibilizar difundir las rutas de atención disponibles puede contribuir a que más personas pidan ayuda antes de llegar a una situación crítica.
Para Vargas, la familia y la escuela tienen un papel fundamental en la enseñanza de herramientas de gestión emocional. El especialista considera que estas habilidades deberían enseñarse desde edades tempranas. “Si las familias empiezan a promover autorregulación emocional y la comunicación asertiva, haríamos una gran prevención de la conducta suicida“, afirma.
¿Qué hacer cuando alguien verbaliza una intención suicida o manifiesta señales de riesgo?
El especialista recomienda escuchar, permanecer cerca de la persona y ayudarle a contactar apoyo profesional, como la Línea de Atención a Crisis en Jalisco (075), su línea secundaria de respaldo (33 3833 3838) y la Línea de la Vida (800 911 2000). “No dejarlo solo y empezar a buscar centros de ayuda“, aconseja. También insiste en evitar comentarios que minimicen el dolor o cuestionen la legitimidad del sufrimiento de la otra persona.
Dentro del ITESO también existen recursos enfocados en el bienestar emocional de los estudiantes. Vargas recuerda que el Centro de Acompañamiento y Estudios Juveniles (C-Juven) ofrece atención psicológica, acompañamiento emocional, orientación y actividades enfocadas en la promoción de la salud mental. Para el académico, estos espacios no son únicamente para momentos de crisis, sino también para fortalecer herramientas que permitan afrontar mejor las dificultades cotidianas. “Que no se sientan solos, siempre hay opciones, pero a veces la crisis no permite verlas“, afirma.
Después de casi tres décadas como interventor en crisis, Vargas asegura que una de las lecciones más importantes de su trayectoria tiene que ver con la capacidad humana para reconstruirse después del dolor. “Detrás de las cosas más feas, tristes y dolorosas que nos pasan también están los aprendizajes más valiosos“, reflexiona.
Este otoño C-Juven tendrá espacios para Redes de Apoyo para Acompañantes en los que se abordarán temas como el acompañamiento a jóvenes en situaciones de riesgo, la ansiedad y la depresión, la intervención en crisis, los primeros auxilios psicológicos, el manejo del riesgo suicida y la prevención de adicciones.
