ITESO. UNIVERSIDAD JESUITA DE GUADALAJARA

Entender su entorno y cambiar la realidad, el reto de las universidades jesuitas

Abr 3, 2018 | SOCIEDAD

David Fernández, SJ, rector de la Ibero Ciudad de México, destacó que la universidad es cambiante, ya que debe adaptarse a un lugar y tiempo determinados

POR ÉDGAR VELASCO

¿Cómo tendría que ser el modo de operar de una universidad jesuita para reflejar el compromiso social que está en su esencia? Esa pregunta fue el punto de partida de la conferencia “La calidad académica como pertinencia social”, a cargo de David Fernández, SJ, llevada a cabo en el marco de las actividades del Día de la Comunidad Solidaria.

La presentación del ex rector del ITESO y actualmente rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México y Tijuana, corrió por cuenta de Jorge Narro, profesor del Departamento de Formación Humana, quien hizo un recuento de la trayectoria del invitado para luego cederle la palabra.

El Rector de la Ibero señaló que la jesuita es una universidad histórica en tanto que “su calidad se mide por la respuesta que da al entorno y por su capacidad para cambiar la realidad”.

En ese sentido, añadió que la universidad es cambiante porque debe adaptarse a un lugar y tiempo determinados.

“La pertinencia social se conforma por las necesidades sociales en las que se inserta la universidad y cómo ésta modifica esa realidad social. La respuesta a estas necesidades debe ser prioritaria en la planeación estratégica y en su operación cotidiana. Es necesario poner la universidad al servicio de la transformación social y en beneficio de los pobres y los excluidos”, planteó Fernández.

Para lograr esta misión, es necesario “historizar” la universidad, es decir, entenderla como un elemento activo y pasivo de la estructura social.

“No hay neutralidad en la universidad, hay una dimensión polí- tica inevitable que se debe asumir desde los sectores dominados para ‘repolitizar’ las instituciones. Cuando una universidad se declara neutra, en realidad se está poniendo del lado de la estructura dominante”, dijo Fernández, y señaló que también es necesario tener claro que la universidad no es un partido político ni una ONG, por lo que su papel es incidir desde sus tres funciones sustantivas: la docencia, la investigación y la vinculación.

“El qué hacer lo determina la realidad, el modo de hacerlo es orientado por lo académico”, enfatizó.

En cuanto a la docencia, dijo que es necesario crear y transmitir los saberes necesarios para entender las necesidades sociales, de modo que la “gran asignatura” a aprender es la realidad histórica del país.

Sobre la investigación, puntualizó que ésta debe ser seria y rigurosa para orientar a la universidad, así como histórica, política y orientada a la transformación.

En lo concerniente a la vinculación, afirmó que ésta ha de entenderse como la acción directa de la universidad sobre la estructura social y su relación con otros actores o, dicho de otro modo, como la manera de poner a la universidad fuera de sí misma y traer la realidad dentro.

Para concluir, Fernández señaló que la politización sumada a la excelencia académica son dos elementos que se potencian mutuamente para “que surja una mejor universidad y una mejor política para nuestros países”.

Luego de la conferencia, se abrió una sesión de preguntas y respuestas. Cuestionado sobre si las universidades, en específico las privadas, eran el único lugar para propiciar los cambios que requiere la sociedad, David Fernández dejó en claro que “son los grupos populares, convertidos en actores sociales, los que realizan las transformaciones. Ojalá que las universidades pudieran hacerse sus aliados”.

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