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El doctor Ignacio Román Morales, es profesor del Departamento de Economía, Administración y Mercadología del ITESO

Solidaridad con quienes no pueden quedarse en casa

El profesor del ITESO Ignacio Román explica que en esta contingencia es importante crear redes de solidaridad y volver a lo que llama “la lógica de la tienda de barrio”.

Por Édgar Velasco 

La instrucción de las autoridades es clara: ante el aumento de casos positivos por coronavirus, lo mejor para evitar que la pandemia siga creciendo es quedarse en casa. Pero, ¿qué pasa con todas aquellas personas que no pueden permanecer en sus casas porque de su salida depende que tengan los recursos para sobrevivir? Según Ignacio Román, la clave en esta situación es una palabra de sobra conocida por los mexicanos: la solidaridad. 

 

Para el profesor de la Escuela de Negocios del ITESO, el primer paso que se tiene que dar está relacionado con distinguir tres grandes grupos. El primero, explica tomando como referencia la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, es el que reúne a los trabajadores por cuenta propia, que es una subcategoría del rubro de trabajadores independientes. “Esta población, al vivir de su trabajo individual, vive al día en la mayoría de los casos y, me parece, es el más grave”. 

 

El segundo grupo, continúa Román, es el de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipyme), y agrega que es un error común meter en el mismo cajón a las micro empresas —“una familia que vende artesanías para sobrevivir”— con las medianas empresas —“una empresa de electrónicos que incluso puede ser proveedora de una gran compañía”—. En ese sentido, dice, es prioritario apoyar a las microempresas, luego a las pequeñas y luego a las medianas. “Hay que establecer un mapa menos dicotómico de las empresas y ver toda la gama de colores que hay”, señala Román. 

 

El tercer grupo es el de las grandes empresas, entendidas como aquellas que cuentan con patrimonio y alto nivel de capitalización y que, aun contando con estas cosas, son las que ejercen más medidas contra sus trabajadores.  

Hacer esta diferenciación, puntualiza Román, “ayuda a no meter a todos en el mismo saco. Los dos primeros grupos deben recibir apoyos institucionales, mientras que debe haber una política estricta para vigilar el comportamiento de las empresas grandes y gigantes”. 

 

Siguiendo con esta lógica, dice el profesor del ITESO, lo primero es salvar a las familias del primer grupo a través de una política de transferencia de recursos, como pueden ser becas para adultos mayores, apoyos para las madres solteras y para estudiantes, etcétera. “En este grupo no se trata de salvar a la empresa, no se trata de salvar el carrito de hot dogs, sino de salvar a la persona que vende los hot dogs”. En cuanto al segundo grupo, lo ideal sería instaurar una política de créditos blandos que permitan salvar a las micro, pequeñas y medianas empresas y a sus trabajadores. 

 

Más allá de las medidas que puedan tomar las instituciones, Ignacio Román subraya que “la solidaridad es clave” para apoyar a las personas cuya supervivencia depende de su trabajo diario. “Lo que menos me apura es que truene Walmart, por ejemplo. Pero más allá de eso, hasta por salubridad es mejor ir a un lugar en donde habrá tres, cinco personas, que a uno donde hay más de cien. Es necesario volver a la lógica de tiendita de barrio para, además de apoyar a esos pequeños comercios, cuidarnos”. Otro consejo del economista tiene que ver con la generación de espacios cooperativos y organizativos, por ejemplo, entre vecinos que pueden hacer turnos para salir a hacer las compras de todos. Una recomendación más, relacionada con los gobiernos municipales y sus bases de datos, es la identificación por colonia de personas en vulnerabilidad económica que puedan prestar un servicio a la comunidad, por ejemplo, haciendo las compras de los adultos mayores, previamente equipados por el ayuntamiento con los insumos necesarios para salvaguardar su salud. “De este modo se apoya a personas que requieren empleo para que apoyen a otras personas”. 

 

En cualquier caso, concluye Ignacio Román, lo más importante es que los distintos órdenes de gobierno dejen de pelearse por ver quién hace o deja de hacer y, en lugar de esto, “que vean los ámbitos de injerencia de cada uno, para no estar duplicando funciones”. 

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