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Alimentar la desinformación debilita la democracia

Alimentar la desinformación debilita la democracia

El antropólogo social Yurij Castelfranchi compartió en la edición de junio de Café Scientifique su visión sobre los caminos posibles en un mundo en el que millones hablan en simultáneo y con muchas verdades que no se reconocen ni escuchan entre sí

POR ALEJANDRA RUIZ

En tiempos de crisis suelen crearse noticias falsas (fake news) o teorías de la conspiración, es decir, argumentos que se presentan como verdades para tratar de justificar o comprender alguna situación. Este fenómeno no es nuevo, explicó el antropólogo social Yurij Castelfranchi durante su participación en la sesión de junio de Café Scientifique ITESO. La charla, muy interesante, se puede escuchar completa aquí

Muchísimos de los conflictos bélicos fueron construidos a partir de desinformación, incluso antes de que existiera la prensa o la comunicación de masas, solo que ahora las redes sociales expanden las noticias falsas muy velozmente, mencionó el investigador. 

La enorme capacidad de información genera desinformación que afecta a todos los ámbitos, incluyendo las bases de la democracia. Este conjunto enorme de mentiras y versiones encontradas generan miedo y desconfianza frente a todas las instituciones (gobiernos, medios de comunicación, iglesia…) lo cual representa un enorme peligro para la democracia. “Las columnas que sustentan la posibilidad de democracia, son las instituciones, que fungen como mediadoras entre las distintas miradas y personas”, dijo Yurij Castelfranchi.

¿Cómo surgen? 

Surgen por muchas razones y desde distintos grupos, afirmó Castelfranchi. En algunos casos son mentiras construidas por fundamentalismos, otros grupos las crean por dinero, porque “venden”, también puede haber intereses políticos de tras de ellas, ya sea por grupos antagónicos al interior de un país o bien desde países extranjeros que buscan menguar la democracia en otro. 

Se trata de un fenómeno difícil de combatir, reconoció Castelfranchi, pues estas falsas noticias y teorías proliferan de varias formas. Por una parte, existen los bots que son programaciones que manejan identidades falsas en redes sociales cuyo papel es compartir todos los post de grupos específicos.  También existen las “haciendas de likes”, que son empresas que compran muchísimos celulares y contratan a personas para que den clics y likes a ciertos temas. También hay quienes pagan para que se movilicen ciertos temas. 

Pero la desinformación también se nutre de envíos entre familiares y personas que sinceramente te pasan la información “por si fuera cierta”.

¿Por qué compartimos esta información? 

Propagar, y en muchas ocasiones creer noticias faltas o teorías de la conspiración, no depende de la escolaridad o del grado de cultura afirmó el especialista. Estos mecanismos funcionan a partir de movilizar las emociones, no los pensamientos, señaló. “La movilización a partir de un miedo moral ciega la mente, en situación de conflicto entre grupos muy polarizados el raciocinio ya no funciona incluso hasta las personas ‘mejor formadas’ pueden ser más susceptibles a creer en estas publicaciones de desinformación”, explicó. 

De acuerdo con este sociólogo de la ciencia, en momentos de crisis se construyen historias y las creemos porque reivindican nuestras posturas emocionales. “Dan respuestas a situaciones que sentimos que se nos salen de control. Una característica de las teorías de la conspiración es que siempre tiene un culpable, es una respuesta sencilla con un culpable moral”. 

Y el problema, afirma, es que esto nos lleva al fenómeno de la pos-verdad, en el cual la gente valora y comparte información más por las emociones que por la veracidad. “Este tipo de historia te legitima en tu prejuicio, en tus valores morales, te fortalece en sentirte en el lado cierto de la historia”, afirma. De esta manera pierde relevancia si es o no verdad, y lo que se vuelve importante es el tipo de miedo, de lucha, de creencia, de esperanza, que esa noticia reivindica.

¿Y qué podemos hacer? 

Podemos ayudar a contrarrestar la desinformación dejando de compartir algo que sospechamos que no es verdadero. “Si una narrativa te despierta indignación o enojo podría ser falsa. Está hecha para engañar las emociones”, mencionó. Otra característica de las noticias falsas es que suelen tener títulos muy fuertes, emojis o imágenes fuertes también. 

“Así que el primer paso es no compartirla, después si consideras que vale la pena, puedes verificar si es verdadera o no. La manera de hacerlo es por ejemplo en Google buscar el origen de las imágenes, y ahí muchas veces puedes ver que fueron fotomontajes”, recomendó. 

Seminario para académicos del ITESO 

Castelfranchi también acompañó un seminario titulado “Ciudadanía tecnocientífica y comunicación: desafíos políticos en América Latina”, los días 1 y 2 de junio. Organizado por el Centro de Promoción Cultural y el Departamento de Estudios Socioculturales, convocó a un nutrido grupo de académicos, investigadores y estudiantes de distintos departamentos, a reflexionar sobre la necesidad de involucrar a los diversos grupos y problemáticas sociales como actores fundamentales de la comunicación de la ciencia. 

Este año Café Scientifique ITESO no realizará la sesión de julio, de modo que la siguiente sesión será en el mes de septiembre para celebrar su décimo séptimo aniversario con la presencia del químico y comunicador de la ciencia español Pere Estupinyá. 

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