Hace un año, el rugby y el Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano llegaron a su vida. ¿Qué le han dejado un deporte de alto contacto físico y las enseñanzas de San Ignacio de Loyola?
POR ENRIQUE GONZÁLEZ

Convivir con las comunidades mestizas e indígenas en Huayacocotla, comunidad en la sierra veracruzana donde los jesuitas tienen proyectos desde hace décadas; esquivar golpes, tacleadas y acarrear un ovalado balón hasta llegar al campeonato nacional y preguntarse una y otra vez qué es lo que quiere de su vida y cómo lo va a conseguir.

Nancy

Eso es lo que se ha pasado haciendo en los últimos 12 meses Nancy Dávalos, egresada de la primera generación del Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano (PLIUL) y del Instituto Tlaquepaque, estudiante de quinto semestre de Ingeniería Industrial y jugadora del equipo de Rugby del ITESO, que en junio ganó el campeonato nacional Cancún7s 2016.

“¿Para qué me voy a levantar hoy?” Esta fue una de las tantas preguntas que el PLIUL disparó en ella. “También me permitió darme cuenta que sentir todo tipo de sentimientos estaba bien, incluso los malos, el miedo, el terror, los nervios, porque todos tienen una razón de ser”.

En cuanto al rugby, Nancy dice que también ha ido perdiendo el miedo a recibir un golpe y siente que toma mejores decisiones en los partidos, en parte, gracias a su experiencia en este  programa que ofrece la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (Ausjal).

¿Cómo es eso?

Mira, somos un equipo, pero hay muchísimas ideas diferentes y cada niña es un mundo, cada una piensa distinto y tiene sus vivencias, entonces al momento de salir al partido y querer obtener un trofeo es muy difícil que todas sientan la misma sed por ganar. En el PLIUL buscábamos llegar a acuerdos, dialogar, ver qué era lo que más le convenía al grupo y… te lo voy a plantear así: hace un año éramos malísimas, nos anotaban un try y todas nos dejábamos caer y pensábamos que nos habían derrotado. Ahora nos meten tres y queremos seguir jugando, porque sabes que no se ha acabado.

¿Qué onda con mi vida, para dónde voy, qué quiero hacer de ella? El PLIUL es una buena manera de empezar a dar respuesta a esas preguntas”

¿Qué le dirías del Programa de Liderazgos Ignaciano a la gente que te pregunte por él?

Si sienten que existe un llamado en su interior que les diga: “¿Qué onda con mi vida, para dónde voy, qué quiero hacer de ella?”, el programa es una buena manera de empezar a dar respuesta a esas preguntas que una deja sin contestar porque son difíciles.

¿Para qué entraste al programa? ¿Para qué pensaste que te iba a servir?

Entré al ITESO porque me llamó mucho la atención que tuviera esta apertura hacia los problemas de nuestra sociedad y entré al programa con ganas de compartir lo que sentía, con ganas de querer dar y para que las experiencias de las demás personas me ayudaran a ver hacia dónde iba.

¿Qué pasó en Huayacocotla?

Fue como un, “¡Abre los ojos, no todo es color de rosa!” Nunca había formado parte de una actividad así, nunca había tenido ese contacto con personas de escasos recursos. Ellos nos estaban dando todo lo que tenían para que nosotros pudiéramos disfrutar nuestra estadía. Me dieron un estado de paz, de querer de verdad hacer algo por el bien común. De nada sirve tener conocimientos si no los aplicas, si no te das la oportunidad de forjar tu camino para saber qué vas a hacer con ellos.

¿Tú qué les diste a ellos?

Fui a escuchar. En lo personal siento que me abrí con ellos y vieron una parte de mí que otras personas no habían visto. No es que les llevara comida ni nada, pero el saber que tú estabas ahí para escucharlos, para aprender de ellos, para darles ese sentimiento de que hay alguien a quien de verdad le importan. Creo que eso es algo que estaba dispuesta a entregarles. Hubo esperanza y empatía mutua.

 

Para más información sobre el PLIUL, que tendrá una sesión informativa el 22 de agosto, escribe a ignaciano@iteso.mx