CULTURA / MÚSICA

“Un festival es un menú de degustación musical”

La profesionalización de las industrias culturales, entre ellas la música, avanza constantemente. Especialistas de la carrera de Gestión Cultural del ITESO desgranan el fenómeno de los festivales que en México y otras partes del mundo son capaces de atraer multitudes.

Perry Farrell, músico y creador del festival Lollapalooza, dijo recientemente que los artistas y asistentes de sus ediciones en Chicago, Santiago de Chile, Sao Paulo y Buenos Aires lo transforman en algo mágico y capaz de transformar vidas.

Es imposible contabilizar las “vidas transformadas”, pero sí las asistencias históricas: en 2013, Lollapalooza rompió sus propios records y reunió a 300 mil personas, mientras que en su tercera edición en Chile los boletos de la primera preventa se agotaron en 35 minutos. 2013 está catalogado como el mejor año para los festivales masivos de música. En el británico Festival de Glastonbury se agotaron 135 mil boletos en poco más de dos horas; el Sónar de Barcelona registró 121 mil asistentes en tres días y el Festival Mawazine, en Marruecos, alcanzó los 2.5 millones de asistentes en seis. Fue el mismo año en que Coachella (California) se amplió a dos fines de semana.

Con el estado actual de la industria musical en el mundo, donde la venta de CD’s lleva años a la baja y la piratería va a la alza, si eres un artista nuevo tocar en un festival bien posicionado debe estar en tu lista de prioridades.

“En México existen muy pocas bandas que se pueden dar el lujo de no ir a un festival. Para ellos, los festivales funcionan como un menú de degustación; tienes media hora para enganchar a alguien que no te conoce y que después va a buscar tu música y pagar por tu concierto”, afirma Gabriel Zarzosa, profesor del Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO y partícipe en la organización del Encuentro Estatal de Jazz Tónica, así como del festival de radio RMX 212, el cual mezcla propuestas emergentes y consolidadas; en 2012, cerca de 100 mil asistentes escucharon en la zona de avenida Chapultepec a casi medio centenar de bandas.

El Festival Coachella, en California, reúne desde hace varios años a decenas de miles de fanáticos de diversos estilos sonoros

El Festival Coachella, en California, reúne desde hace varios años a decenas de miles de fanáticos de diversos estilos sonoros

Escaparate y negocio, ¿para quién?

La respuesta a la pregunta de por qué cada vez hay más festivales de música en México obviamente tiene muchas respuestas: globalización, nuevas tecnologías, cambios en las dinámicas sociales y hasta en la economía del país.

“Cuando hay elasticidad [aumento de ingresos], las personas pueden comenzar a gastar en entretenimiento. En la medida en que las sociedades progresan económicamente, demandan más servicios culturales”, refiere Francisco Núñez de la Peña, profesor de la materia de “Economía y cultura” en la carrera de Gestión Cultural del ITESO.

“Los que dicen que no ganan dinero es porque no dominan la gestión cultural”

Y es que pocas cosas reúnen a tantos desconocidos como la música en vivo, sobre todo desde que la venta de discos dejó de ser el primer generador de ingresos para la industria musical.

“Las giras son el punto más rentable de un artista en este momento. El ritual de ir a un concierto o festival es todavía una experiencia que no se ha podido digitalizar”, explica Sergio Arbeláez, coordinador de proyectos especiales de la Universidad de Guadalajara, quien durante años se dedicó a exportar música de su natal Colombia.

Paulatinamente, marcas de todo tipo se han sumado al fenómeno como patrocinadores: está el iTunes Festival, de Apple, el Made in America, de Budweiser o el Corona Capital, que se celebrará los días 11 y 12 de octubre en la Ciudad de México con un cartel integrado, entre otros, por Jack White, Beck, Weezer, Damon Albarn y Massive Attack.

México tiene además el Vive Latino, el festival Cumbre Tajín y el Pa’l Norte Music Fest, propuestas que empiezan a mostrar continuidad por sus características y ofertas sonoras específicas. Por ejemplo, el Vive Latino implementó en 2009 la Carpa Intolerante, dedicada en su totalidad a artistas independientes de distintos géneros y países de América Latina.

Para gustos, géneros, muchos géneros

Según el Sistema de Información Cultural del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), en México existen 846 festivales que cuentan con fondos gubernamentales, de los cuales 188 se identifican específicamente como “de música”, entre ellos el Festival Internacional Cervantino, el Festival Centro Histórico de la Ciudad de México o el Festival Cultural de las Fiestas de Octubre en Guadalajara.

No hay un registro parecido entre los festivales de iniciativa privada, pero además de los mencionados, nombres como Ceremonia, Bahidorá o Hell & Heaven se escuchan cada vez con más frecuencia; y otros de corte extranjero como el Mutek (Canadá) o el Electric Daisy Carnival (Estados Unidos) ya tienen su versión mexicana.

“Por la proliferación de festivales, lo primero que se tiene que preguntar es cuál es la identidad de ese festival que se quiere hacer. Si no la tiene, tampoco va a tener un público ni una intención programática”, considera Zarzosa.

Algunas veces la identidad tiene que ver con los géneros. Tónica presenta jazz y géneros afines; el Pitchfork Music Festival de Chicago solo programa música alternativa, y el Festival Cultural de Mayo (Guadalajara) trae a la ciudad artistas del país o la región invitada de honor, que este 2014 resultó ser California.

También se puede hacer una distinción entre los festivales que sencillamente persiguen fines lucrativos y aquellos que quieren formar públicos, como el Festival Cultural Universitario del ITESO, que inicia el 22 de octubre. El origen del dinero puede entonces –y lo hace– determinar el contenido y las audiencias.

Según el Conaculta, en México hay 188 festivales musicales que utilizan dinero del gobierno

“Bien planeados [sean de gestión pública o privada], ambos pueden generar recursos y convertirse en un modelo de negocio. Los que dicen que no ganan dinero es porque no dominan la gestión cultural; por eso hay una carrera de nueve semestres, porque no es fácil”, explica Bernardo González, profesor de “Producción de proyectos culturales” en la Licenciatura en Gestión Cultural.

En el apartado de rentabilidad, para un festival no basta tener el concepto, ni los artistas invitados, ni los patrocinadores. Bernardo considera que si no se tienen conocimientos del medio musical y una buena gestión de todos los recursos, el proyecto no va a cuajar.

OCESA es el principal inversionista de la mayoría de los festivales en México, lo cual deja al resto a expensas de fondos gubernamentales o el dinero de otras pocas empresas privadas. Fuera de este marco, muchas iniciativas han desaparecido.

“Se necesita tener un proyecto con viabilidad económica a futuro y que no se agote en un esfuerzo efímero y momentáneo, sino que pueda ser sostenible, que es la gran apuesta de los distintos esfuerzos de profesionalizar el campo de la cultura y de la música”, complementa Zarzosa. Texto Adriana López-Acosta Fotos Archivo

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