CULTURA

Un charro en el pavimento

Cinco años de rodaje desembocaron en el documental El Charro de Toluquilla, integrante de la selección oficial del FICG.

La primera vez que Claudia Méndez supo de la existencia de Jaime García, el personaje principal del documental El charro de Toluquilla, fue cuando vio su yegua estacionada en el Bariachi de avenida Vallarta. A un lado de los coches de lujo del valet parking, con una perra rodeándola.

“¿Qué es esto, qué estoy viendo? Estamos en la Minerva y esto aquí no encaja”, recuerda la egresada de Relaciones Industriales. Cuando entró al lugar y conoció al dueño de la yegua cantando con el mariachi para entretener a los comensales y se enteró que todos los días iba y venía con su caballo desde Toluquilla hasta esa zona de Guadalajara, supo que tenía que filmar a semejante personaje.

La segunda vez que fue a escucharlo cantar, Claudia se llevó a su amigo José Villalobos. Ese día supieron que el charro que cabalgaba por las calles de Guadalajara era además seropositivo, tenía una hija libre del virus y que accedería a ser grabado.

“Eran una serie de contradicciones interesantes: vive en el centro de Toluquilla, anda a caballo todos los días, viste de charro, tiene rasgos machistas, pero vive en casa de su mamá; y luego le canta a políticos para vivir y deja su yegua a un lado de un Mercedes Benz cerca de la Minerva… vive dos vidas”, afirma Claudia.

Cinco años después, el documental producido por Claudia y bajo la dirección, producción ejecutiva, fotografía y edición de José tendrá su estreno en la selección oficial del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), compitiendo por el Premio Mezcal y por ser el Mejor Largometraje Iberoamericano Documental.

“¿Qué es esto, qué estoy viendo? Estamos en la Minerva y esto aquí no encaja”, dijo Claudia, egresada del ITESO y productora, cuando vio una yegua estacionada prácticamente sobre avenida Vallarta

En la filmación de un documental se suele tener una investigación, una idea preliminar y un plan de rodaje. En el caso de este pequeño crew de dos personas, el plan fue sencillamente encender la cámara y aquello se convirtió en 200 días de rodaje; a veces capturaban 20 minutos y a veces pasaban una noche entera con el charro.

El imán era esa mezcla de su personalidad explosiva, su enfermedad y su estilo de vida. Grabaron y grabaron noches de conciertos, cantinas, cabalgatas, tardes con su hija vestida de princesa con alas de mariposa y algunas escapadas en búsqueda de tentaciones lejos de su pareja.

Fotograma de 'El charro de Toluquilla'

Fotograma de ‘El charro de Toluquilla’

“Empezó a desenmascararse y pudimos ver que no era ese pequeño héroe encapsulado en ese disfraz de charro”, señala José. “Es la vida ordinaria de una persona extraordinaria”.

Sin apenas recursos, sin baños al alcance y con trucos de audio que involucraban pegar el micrófono ambiental a la cámara, Claudia y José concluyeron el documental gracias al apoyo de instancias como el Tribeca Film Institute de Nueva York. Texto Adriana López-Acosta Foto Archivo

 

 

Etiquetas: , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*