COMUNICACIÓN / SOCIEDAD

“¿Qué piensan cuando están facebookeando?”

La académica e investigadora Rossana Reguillo, compartió con una veintena de estudiantes de bachillerato parte de sus conocimientos y experiencias en el mundo virtual, dentro de las Estancias de Comunicación ITESO 2013. Ellos no dejaron pasar la oportunidad de externarle sus dudas.

Todos tenían Facebook y casi todos tenían Twitter. Todos sabían quién era el grupo pop One Direction y todos habían nacido después de 1994. Algunos preguntaron por la violencia que sufren los periodistas en México y otros se cuestionaron por qué tanta gente querrá tener miles de seguidores en las redes sociales.

Veintiún preparatorianos, de una u otra manera, estaban interesados en el mundo de la comunicación y las redes sociales. Y la mañana del martes 9 de julio se encontraban en el ITESO como integrantes de la primera edición de las Estancias de Verano de Comunicación, con el objetivo de explorar qué tan fuerte es esa vocación que perciben por querer estudiar una carrera afín con estas inquietudes.

Ante ellos se sentó Rossana Reguillo, investigadora social y académica de esta Casa de estudios, quien en poco más de una hora les ofreció una conferencia que incluyó sus hallazgos, experiencias y consejos reunidos a lo largo de más de dos décadas investigando a la cultura, los jóvenes, la construcción social del miedo y el uso que los ciudadanos le damos a Internet, a Facebook, a Twitter, a los blogs, a YouTube y demás herramientas de comunicación virtual, capaces de generar movimientos y cambios en el mundo real (se habló de Egipto, del movimiento YoSoy132, de grupos civiles organizados en la web en busca de familiares desaparecidos o de los usos educativos de estas redes).

“Son jóvenes como ustedes los que me interesan profundamente”, les dijo Reguillo al empezar su charla, subrayándoles que casos como el de Andrés Barba y Luis Antonio Ortiz –los dos adolescentes asesinados por presuntamente molestar al hijo de un narcotraficante– no empezaron el día que los levantaron en Plaza Ciudadela, sino mucho antes, cuando en los 80 las autoridades mexicanas decidieron hacer un pacto de silencio con los traficantes de drogas y estos multiplicaron su poder en el país. Y explicándoles que para eso precisamente sirven los investigadores sociales como ella, para explicar las causas profundas de lo que le pasa a la sociedad y los fenómenos de comunicación que la atraviesan.

‘Aprovechen Internet’

“¿Qué piensan cuando están facebookeando?”, les inquirió a los bachilleres Reguillo, haciéndoles ver que desde que surgió la Web 2.0 (blogs, redes sociales, interacción horizontal entre la gente) ellos ya no solamente son receptores de productos comunicativos, sino que también pueden convertirse en emisores, en autores de textos, fotos y videos para subir a la red, y que esto conlleva una responsabilidad y una adecuada alfabetización relacionada con los ambientes virtuales, elementos que podrán obtener y desarrollar en carreras como las de Periodismo y Comunicación Pública, Ciencias de la Comunicación, Publicidad y Comunicación Estratégica o Artes Audiovisuales en el ITESO.

Sin olvidar decirles lo importante que es proteger su privacidad en Internet, la investigadora les pidió que se cuestionaran cómo podrían utilizar YouTube, un blog o a Facebook como herramientas para formar mejores ciudadanos, para crear mensajes que tengan sentido y propósitos sociales en temas tan amplios y diversos como el medio ambiente, los derechos humanos y la impartición de justicia, la divulgación de la cultura o la difusión de periodismo de calidad.

Como ejemplos prácticos, Reguillo les proyectó su muro personal de Facebook personal y algunos de los grupos que administra, en los cuales la idea es crear “comunidades de hablantes” con ciudadanos capaces de darle un uso político y pedagógico a la página creada por Mark Zuckerberg, entre ellos “Desde que se los llevaron”, “Política viral” o “Nuestra aparente rendición”. También les mostró brevemente los contenidos y la razó de ser de su blog Viaducto Sur.  

Reguillo les explicó que en el ITESO aprenderían, entre muchas otras cosas, a moverse por las redes sociales como el conejo de Alicia en el país de las maravillas, es decir, “a moverse por distintos túneles y aparecer donde menos se nos espera”, eso sí, armados con habilidades tan básicas como una ortografía impecable –“de la belleza de la forma depende el éxito de un post”, dijo– y la conciencia de que el viejo modelo de comunicación ha cambiado profundamente y a ellos les toca decidir hacia dónde irá.

Diálogo abierto

Alondra Jazo, del Centro de Desarrollo Integral Arboledas (Cedi), le preguntó a la doctora por qué una conocida suya era capaz de tener tantos cientos de seguidores en Twitter y Facebook y ser tan tímida en el mundo real, mientras que Alexis Gómez, de la prepa Tec Guadalajara, le pidió su opinión sobre los peligros que enfrentan los periodistas en este país y si ella alguna vez había sentido temor ante los textos que elabora en torno a la delincuencia organizada y la labor de las autoridades mexicanas.

A Alondra le respondió que su pregunta tenía tintes filosóficos -¿por qué las redes vuelven a las personas profundamente deseables?- y simple y sencillamente tenía todo el potencial para convertirse en una tesis, mientras que a Alexis le dijo que el acoso que sufren los profesionales de la información en México es “gravísimo” y que en alguna ocasión ha sentido presiones por lo que publica, pero que, a diferencia de los reporteros que caminan por las calles cubriendo notas rojas y similares, ella está un poco más protegida por ser una figura pública más reconocida y por su condición de académica.

Diversos organismos, investigadores y medios de comunicación colocan a México como el país más peligroso de América para ejercer el periodismo. Entre 2009 y 2012 se registraron casi 600 casos de agresiones a profesionales de la información, con el agregado de que no es el crimen organizado el principal enemigo de su labor, sino los funcionarios públicos de todos los niveles (gobiernos locales, estatales y el federal). Texto Enrique González Foto Luis Ponciano 

 

 

 

 

 

 

 

 

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