DISEÑO

Moda con responsabilidad social

La carrera de Diseño de Indumentaria y Moda está estructurada para formar diseñadores con responsabilidad ética, social y ambiental
POR ADRIANA LÓPEZ-ACOSTA

Detrás de la prenda que utilizas solo una temporada, de los pantalones de mezclilla que conservas en perfecto estado desde hace cuatro años o la blusa que una lavada después se vuelve inservible, hay un complejo ecosistema de trabajo que, como consumidores, deberíamos conocer.

“Mucha gente no sabe por qué una camiseta de H&M puede venderse en 150 pesos, hecha con algodón, que es muy contaminante y muy costosa su producción. Cómo puede venir de la India, con producción y acabados en Vietnam, y se vende aquí más barato que un trapo de cocina”, dice Dolores Cortés, profesora del Departamento del Hábitat y Desarrollo Urbano.

“¿Cómo es posible? ¿Quién lo pagó? ¿Cómo un diseñador puede insertarse en esta dinámica con la responsabilidad ética, ambiental y de negocio que conlleva este universo?” La carrera de Diseño de Indumentaria y Moda, la cual Dolores Cortés coordina, quiere ofrecer un camino.

Desde tiempo atrás, la carrera de Diseño había detectado esta necesidad en el mercado, y respondió con clases de patronaje básico y materias optativas como diseño de calzado o joyería, que fueron algunos de los antecedentes de la carrera.

“Hemos visto la necesidad de profesionalización en el entorno y posibilidades de crecimiento, así como diferenciación de mercado con este nuevo diseño de indumentaria y moda. Las nuevas generaciones de diseñadores necesitan infraestructura, investigación, materias teóricas, espacios de producción, y anteriormente lo buscaban en otros lados”.

 

Entre el diseño y el empoderamiento

Claudia López, egresada de Diseño en 2010, se desempeñó como diseñadora de modas desde antes de graduarse.

Trabajó en retail (empresas de comercialización masiva de prendas) hasta que renunció para buscar otras formas de ejercer el diseño de modas. Se fue a Oaxaca para tomar un curso de telar de cintura y encaje de bolillo. Tras aprender el valor de los textiles mexicanos, buscó un contacto en Chiapas para ver la manera de colaborar con textileras indígenas.

“Yo iba pensando que iba a salvar a alguien”, cuenta Claudia. “Estaba equivocada. Al llegar, conocí a mucha gente que está involucrada desde hace muchos años y que defiende los derechos de los artesanos de la región y te tratan con mucha cautela, porque muchos van en busca de mano de obra barata”.

Así conoció a Claudia Muñoz, entonces directora de Impacto Textil, una iniciativa que trabaja por el empoderamiento y dignificación de las mujeres artesanas indígenas de Los Altos de Chiapas. Después de ver su desempeño, Claudia la invitó a dar talleres de diseño para las mujeres.

Aprendió a comunicarles las habilidades de diseño y colorimetría que aprendió en la universidad, para que las artesanas lo instauraran en sus textiles, y también a conocer y respetar aquellos símbolos sagrados para evitar plagio.

“Cuando trabajas en comunidad, no se trata de tu diseño, producto de tus propios intereses y tu propia generación”, enfatiza Dolores Cortés. “Se trata de pensar qué tipo de producto debes hacer para que a todos los miembros de la comunidad y cadena de producción —armador, fabricador, comercializador— les vaya bien”.

Rosa Gutiérrez, egresada de Ciencias de la Comunicación del ITESO, también encontró en el diseño una forma de desarrollar su interés por los derechos humanos y la equidad de género.

Su línea de ropa Nahuala combina, a través de la colaboración con mujeres wixáritari, el diseño y el empoderamiento de comunidades. El 50% de las ganancias de los collares realizados por indígenas wixáritari son otorgados a ellas, para perpetuar el comercio justo.

En abril de este año, Rosa viajó a la ciudad de Nueva York para presentar la marca en un evento en la 14 Gala Women Together en la sede de la ONU, una organización que se dedica a mejorar la calidad de vida de las poblaciones más vulnerables con acciones que fomenten un desarrollo sostenible. En octubre, Nahuala será la única marca mexicana y de Latinoamérica en participar en el Fashion Week de Phoenix.

El impacto ambiental será un factor importante para repensar los materiales. De acuerdo con el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), las fibras sintéticas son un problema creciente, cuando los principales recursos son poliéster (presente en 60% de la ropa), una fibra que produce tres veces más dióxido de carbono que el algodón orgánico, y tarda décadas en degradarse, además de que contamina los océanos con microfibras de plástico.

Otra oportunidad de expandir el significado utilitario de la moda es en el énfasis que la carrera pondrá en la indumentaria, la cual, afirma la profesora, “tiene que ver con el aspecto utilitario y funcional de la prenda o accesorio. Es un espacio que muchas veces olvidan como un negocio interesante: tallas especiales, ropa de trabajo, ropa de seguridad o ropa de confort, o hasta ropa para embarazada. Es diseño que debe cumplir las necesidades funcionales de quien porta la prenda”.

Cuando va el usuario por delante, el diseño es adecuado e innovador, y puede hacer la diferencia.

Claudia cuenta que ciertas empresas se están subiendo al tren de la sustentabilidad, y después de su experiencia, participó en el diseño de una colección para C&A hecho con pedazos de textiles tradicionales mexicanos que trabajó con Impacto Textil, y que se presentó en marzo, tras un año entero de trabajo de gestión y realización de las prendas.
Es un pequeño paso, pero lo que ella quiere lograr es que sea una práctica constante la utilización de mano de obra mexicana a precios justos, colecciones sustentables con telas a base de PET y con teñidos menos dañinos.

“Se trata de que existan nuevas opciones que puedan ser comerciales y no tengan con un costo humano y ambiental tan alto, con un trasfondo más allá de vender ropa que se vea bonita. Que tenga un valor más profundo”, opina Claudia.

Rosa, que también es consultora para la ONU en temas de género y comunicación, quiere dejar atrás la idea de que la moda es frívola a través de colaboraciones con artistas plásticos en sus diseños, como con la pintora Indira Castellón.

“Me interesa mucho vincular arte con moda para quitar ese estigma de que es superficial. Tiene un lado muy profundo que es la forma de expresión e individualidad, de cómo a través del vestuario nos empoderamos y empoderamos a otros por prácticas como comercio justo, empleo y respeto a técnicas artesanales o moda sustentable, afirma Rosa”.

La carrera de Diseño de Indumentaria y Moda, en su plan de estudios, pretende que el alumnado sea capaz de reconocer que la ropa tiene implicaciones políticas sociales, ambientales; es un derecho humano, afirma Dolores Cortés, junto con la casa y el alimento.

Rosa ha buscado el empoderamiento femenino a partir de la moda, con el slogan “Yo soy mía”, que remite a la apropiación del cuerpo por encima de las expectativas comerciales, y Nahuala no se queda en palabras: también realiza donación por venta de prendas a la Coalición de Trabajadores de la Industria Electrónica Nacional, que denuncian la violencia laboral y cotidiana que viven como mujeres.

“Una pasarela es el final de muchos de los procesos que van involucrados en la indumentaria, pero no es el fin mismo ni es el único medio de comercialización, ni es a lo que le apuesta la carrera. Eso es solo el aparador. Es todo lo demás que hay a partir de un producto, desde la producción hasta el desecho, porque muchos diseñadores ignoran qué sucede cuando tiran sus prendas”.

En su intento por insertarse en las filas de compromiso social en la moda, Claudia es parte de Fashion Revolution, asociación con injerencia en distintas partes del mundo que quiere crear conciencia sobre los efectos sociales, económicos y ambientales de las prendas que se producen en masa.

“Los responsables también somos los consumidores, que compramos sin preguntarnos cuál es el costo real de la prenda, de donde viene, a dónde va; qué es lo que pasa antes de que llegue tanto humana como ambientalmente hablando; qué pasa cuando la tenemos, y qué pasa cuando ya no la queremos”, afirma Claudia.

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