COMUNICACIÓN / SOCIEDAD

Lanzan un claro “sí” por el periodismo capaz de acercarse a la gente

Dos egresados y una estudiante de la carrera de Ciencias de la Comunicación del ITESO, recibieron el Premio Jalisco de Periodismo 2013, un galardón que continúa ganando la confianza del gremio, aseguraron sus organizadores.

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Yojanan, Vanesa y Catalina, egresados y actual alumna de Ciencias de la Comunicación del ITESO, ganadores del Premio Jalisco de Periodismo 2013

Indispensable para cualquier democracia; generosa; hermosa; apasionante; peligrosa; mal pagada; poco valorada con frecuencia; ingrata a veces y sumamente poderosa cuando se realiza con total compromiso.

La profesión periodística volvió a recibir toda clase de adjetivos, sugerencias y advertencias en la ceremonia de entrega del Premio Jalisco de Periodismo 2013, celebrada en la Universidad Panamericana (UP) la mañana del lunes 16 de diciembre, y en la que tres itesianos de Ciencias de la Comunicación resultaron galardonados: Vanesa Robles en la categoría de Prensa escrita, por su crónica “Los milagros dejaron de existir en Lagos de Moreno”, publicada por el periódico El Informador; Yojanan Montaño en Fotografía en movimiento, por su trabajo “Puños bravos”, emitido por Canal 7, y Catalina Naranjo en la categoría Estudiantes (ella es alumna de Ciencias de la Comunicación), por su crónica “¿Dónde quedó mi corrido?”

El premio creció cuantitativamente, anunciaron los organizadores, ya que en sus siete categorías pasó de recibir 160 trabajos en 2012, a contabilizar 191 este 2013, un incremento del 19% en su décimo octava edición.

La primera en subir al estrado a recibir su premio fue Robles, quien antes de hablar sobre su texto, un íntimo y doloroso relato en torno a la desaparición y asesinato de un grupo de jóvenes en aquella población alteña el verano de 2013, leyó una contundente y apasionada defensa de la crónica dirigida particularmente a los directivos de los medios allí presentes.

“‘La crónica es eso que nuestros periódicos hacen cada vez menos’, afirma el cronista argentino Martín Caparrós; y estoy de acuerdo con él. ¿Por qué la crónica sí? Porque la crónica no renuncia a la ponderación de datos, ni al análisis; no debe hacerlo. Pone el énfasis en las personas y sus circunstancias antes de emitir juicios pesados, de esos juicios que descansan como buques en el fondo del mar. Porque evita un punto de vista único de nuestro mundo y huye de las declaraciones de personajes del poder, que casi siempre son demagogos y –como si los periodistas no lo supiéramos–, casi siempre ocupan las primeras planas de los diarios, los primeros cuadros de la televisión y los tiempos más largos de los noticiarios radiofónicos”, empezó Robles.

“[La crónica] evita la tentación de la declarocracia, como la llama el periodista inglés Gideon Lichfield… Y, sobre todo, la crónica busca a la gente y hace zoom in en la alegría y el dolor con el que los lectores pueden identificarse, sufrir y también gozar”.

“Aquí las cosas andan mal”

Una vez defendido dicho género periodístico, Robles habló emotivamente sobre la materia prima con la que cocinó la crónica que puso en sus manos el Premio Jalisco de Periodismo: un grupo de ciudadanos jaliscienses devastado por la pérdida de sus familiares, seis jóvenes entre los 22 y los 18 años, quienes al igual que un mesero de 38 fueron “levantados”, es decir, secuestrados el 7 de julio en Lagos de Moreno y posteriormente encontrados muertos y presuntamente sus cuerpos fueron deshechos con ácido.

Sus nombres eran: Ángel de Jesús Rodríguez, Eduardo Isaías Ramírez, José Gerardo Aguilar, Daniel Armando Espinoza, Marco Antonio Ramírez, Cristian Fabián y Rodrigo Espinoza. La propia Fiscalía General del Estado de Jalisco ratificó su nula relación con el crimen organizado. Fueron víctimas inocentes.

“Es uno de esos casos en los que la crónica duele. Es el caso de un grupo de madres, padres y hermanos en zozobra, porque a sus hijos se los tragó la madrugada del 7 de julio de 2013. Fueron los mismos muchachos, tan llenos de vida, que fueron regresados a sus padres varias semanas después de su desaparición adentro de una pequeñísima urna de madrea con una placa ostentosa del Gobierno del Estado. Eran inocentes, igual que miles que han caído en los últimos años en México. Miles de padres siguen esperando tener noticias de sus hijos en este país”, lamentó Robles.

“La crónica que hoy han premiado no alcanza a abarcar el dolor por la desaparición de un hijo; si acaso, intenta dar cuenta de algunos instantes de este sufrimiento. ¿Para qué? Para que los lectores acompañen a los padres en duelo; para contarles que aquí las cosas andan mal, aunque nos juren lo contrario; para que alguien, aunque sea uno de los lectores haga un ‘Ya basta’ como quiera que sea”.

A diferencia de la inmediatez propia de la televisión, la radio o las redes sociales, el cronista logra “mirar, no nada más echar un ojo”, e intenta entender, mirar y ponerse en “los incómodos zapatos del otro” en una época en la que esto hace muchísima falta, aseveró la profesora del ITESO.

El resto de las categorías y sus respectivos ganadores fueron: Radio para María Dolores Hernández, de Radio Universidad de Guadalajara; Televisión para Ahtziri Cárdenas, de Univisión/Televisa; Fotografía fija para Ulises Ruiz, de El Informador, y Trayectoria periodística para Francisco Javier Aguiar, de El Occidental.

Culminada por el discurso de Juan de la Borbolla, Rector de la UP, la ceremonia contó con la presencia de directivos de universidades, medios locales e integrantes de la Asamblea del Premio Jalisco de Periodismo y su Consejo Directivo, entre ellos Tonatiuh Bravo, Rector de la UdeG; Jorge Verea, director editorial de El Informador; José Ángel Gutiérrez, director de noticias de Grupo Mega Radio; José Antonio Fernández, jefe de información de Televisa Guadalajara; Ricardo del Valle, director de la Escuela de Comunicación de la UP, así como Francisco Ayón, secretario de Educación en Jalisco. Texto Enrique González Foto Roberto Ornelas

 

 

 

 

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