LA ENTREVISTA

“La escritura nos salvó”

Después de una rotunda derrota ante 25 jóvenes futbolistas de Fuerzas Básicas de Chivas, Carol Johnson, egresada del ITESO, no tiró la toalla. Replanteó su curso y despertó en ellos el interés por los libros y ganó el Premio al Fomento de la Lectura 2013.

“La madre del saber es la lectura. Ahí está el prolegómeno decisivo de la vida”.- Juan Cruz, escritor y periodista español

 

El primer tiempo fue desastroso para Carol Johnson, una férrea promotora de la lectura en México que egresó de la carrera de Psicología del ITESO hace una década.

No defendió, no atacó, no supo descifrar al rival que tenía enfrente y este sencillamente la goleó, digamos, un 5-0. Era el último trimestre de 2011.

Carol 2

El terreno de juego fue el “Taller de lectura y redacción I y II” de la escuela Educare, en Zapopan, y el rival, un conjunto de 25 adolescentes de primero de preparatoria (edad promedio: 15 años) que, al formar parte de las Fuerzas Básicas del Club Deportivo Guadalajara (las Chivas, para ser más precisos), deben estudiar sí o sí la secundaria y la preparatoria, porque para el proyecto que lidera el empresario Jorge Vergara, y según las palabras que la propia Carol le escuchó a un entrenador: “El futbolista que nomás se dedica a patear la pelota ya no sirve; lo que nosotros queremos son seres humanos integrales”.

“Siempre salía mal; yo salía del salón llorando. Me sentía totalmente armada, ‘me las sé de todas, todas con los adolescentes, mis métodos son infalibles’, seguramente nadie les ha presentado una bibliografía de futbol ni nada de esas cosas. ¡No te puedes imaginar!, reuní todos los documentos habidos y por haber en torno al futbol, muchos textos de Villoro, de Valdano, crónicas…”, recuerda Carol en uno de los pasillos de la FIL 2013, adonde acudió para participar en el XI Encuentro de Promotores de Lectura.

“Mi esposo [el escritor Juan Nepote] me ayudó mucho, porque yo nunca he tenido gran afición por el futbol ni sabía nada, entonces junté todo eso que me parecía interesantísimo –bueno, a mí no–, pero para ellos me parecía que podían ser lecturas interesantísimas”.

Se equivocó rotundamente. “Ellos ni siquiera me oyen, ni siquiera me ven. Son 25 muchachos gigantescos y con caritas de niños, sumamente carrillas, juguetones, adolescentes, y con una apatía total y completa por todo lo que tenga que ver con la lectura. La simple palabra ‘lectura’ les sacaba ronchas, porque siempre habían tenido experiencias muy fallidas, ‘¡pero yo lo voy a cambiar!’, decía. Fue imposible, era como si habláramos dos lenguajes distintos”.

¿Qué estaba pasando? Carol tenía sobrada experiencia en cuanto a cómo activar en los adolescentes el gusto por leer y escribir. Llevaba casi 10 años en estas lides, desde que la nombraron responsable del programa de lectura del Museo Trompo Mágico, luego pasar por la escuela Signos, un centro universitario en Lagos de Moreno,  armando talleres de lectura y redacción aquí y allá y titulándose del Máster en Libros y Literatura Infantil y Juvenil de la Universidad Autónoma de Barcelona.

“Ya no quería ir a trabajar. Empecé a decir: ‘Jamás voy a volver a dar clases, ¿por qué me están haciendo esto, yo qué les hice?’ Lo tomé personal. Era muy chistoso, porque yo salía del salón y ellos me saludaban y eran muy amables, eso me chocaba mucho”.

Tarjeta roja

Y entonces llegó la gota que derramó el vaso. Un portero, de la nada, se volteó y le soltó un: “No me joda”. No pudo más. Renunció. A los tres meses de haber entrado a Educare. Sintió que lo había intentado todo y había fracasado. Adiós.

Eran las vacaciones decembrinas y el último trabajo que les pidió antes de renunciar fue un escrito en el que contaran su historia como futbolistas. Un buen día de invierno, probablemente después de atender a su pequeña hija Lucía, vio esos textos en su casa y decidió –¿por qué no?– empezar a leerlos.

“Acabé hecha un mar de lágrimas. ¡¿Qué es esto? ¿Cómo es posible?! Me di cuenta que yo había subestimado por completo su esfuerzo. Ellos tenían tantos prejuicios sobre la lectura como yo tenía prejuicios sobre la vida de un futbolista”, recuerda, emocionada.

“Cuando leí las historias dije: ‘Pobres muchachos’, la verdad es que es una vida de muchísima renuncia, de muchísima exigencia. Son muchachos de 15 o 16 años que tienen un sueño, un objetivo claro, y eso es muy valioso, más allá de mis inclinaciones o no al futbol, son muchachos que luchan por algo en un momento en que la adolescencia está muy apática”.

Hizo un perfecto cambio de juego. “Gané su respeto al leerlos. La escritura nos salvó. Al igual que en otros espacios educativos en los que he estado, en cuanto los adolescentes sienten que sí los lees, que sus trabajos están evaluados, que son algo, es otra cosa, te ven de otra forma. Sintieron que su voz tenía peso, por encima de la mía”.

En enero se plantó de nueva cuenta en la clase (decisión con la que se ganó el respeto de los alumnos, acostumbrados a que los profesores se rindieran con ellos), y para ese “segundo tiempo” elaboró junto ellos un glosario futbolístico, supo sacarle provecho al uso de smartphones y tabletas en el aula –donde compartían y leían textos–, aprendió qué eran “la cantera”, “las visorías”, “los penales”, las “concentraciones” y, en lugar de querer imponerles lecturas, decidió convertirlos en narradores. Los puso a relatar historias a partir de preguntas del tipo ¿cómo fue tu mejor gol?, o ¿cómo se tira un penal?, y ellos empezaron a involucrarse, a competir, a querer narrar mejor que sus compañeros.

Y para completar la remontada, contrató a un “crack”: Francisco Hinojosa.

“Pinches chamacos”, el remate perfecto

Francisco Hinojosa es uno de los escritores y promotores de lectura mexicanos que más admira Carol. Eligió su cuento “Pinches chamacos”, para leérselos a los futbolistas.

“Lo leí, y al final, en medio de un silencio sepulcral, lo único que me dijeron fue: ‘¿Me lo vuelve a leer?’, y tuvimos dos o tres clases en las que lo único que hicimos fue leer y volver a leer, y volver a leer el mismo texto”, rememora Carol.

“En el trabajo que entregué [“Entre la lectura y el futbol”, ganador del Premio al Fomento de la Lectura México Lee 2013 en la categoría “Otros espacios educativos”, entregado por el Conaculta el 13 de noviembre de 2013 en el Palacio de Bellas Artes], ponía este momento como un bálsamo que curó su resistencia hacia la lectura. Es un cuento en apariencia chistoso y simpático, pero que toca una realidad muy fuerte de unos niños con un lenguaje coloquial, muy directo, al estilo de Hinojosa”, relata la promotora y actual directora general de la secundaria de Educare, institución que le brindó un apoyo incondicional para sacar adelante su proyecto.

(Puedes consultar este trabajo aquí: Carol Johnson proyecto).

“A ellos les resonó totalmente, lo encontraron lleno de sentido para ellos. Eso abrió la puerta para otro tipo de lecturas [Pinocho, los cuentos de Hans Christian-Andersen, Perrault, libros de la colección “A la orilla del viento”, Sabines, Neruda, letras de grupos de banda, corridos…]. Sintieron que la literatura tenía algo que contarles, que no todo era como ellos lo habían encontrado en el ámbito de la lectura”.

“No hay que dejar de escuchar, no hay que dejar de ser humilde en el trabajo con los jóvenes”, repite como un mantra Carol. “Lo que a mí siempre me ha funcionado es decirles: ‘Se vale que no te guste’. Se vale que a un niño de 15 años no le guste El Quijote”.

Es optimista: lo de México no es irreversible

La entrevista con Carol tuvo lugar el miércoles 5 de diciembre, el día que la prensa dio a conocer los resultados del Informe PISA 2012, los cuales, después de evaluar a miles de alumnos de 15 años de los 65 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo, colocaron a México en los últimos lugares en matemáticas, ciencia y lectura. En “Comprensión lectora” el país obtuvo 424 puntos, cuando la media de la OCDE es de 496 y el primer lugar, Shanghái, tuvo 570.

“Debemos desmitificar esta mentira que a veces nos hemos empeñado en hacer nuestra tarjeta de presentación: ‘En México no se lee’. ¿De verdad no se lee? Sí tenemos índices bajo de lectura, pero no es que no se lea en absoluto, se leen otras cosas, se participa de otra forma. Estamos lejos de ser un país con un nivel alto de lectura, pero creo que esto tiene su raíz profunda en la falta de educación, en la falta de consistencia de los programas educativos”.

-Uno de los factores señalados para entender el alto nivel educativo en Asia es el cuidado y atención que les dan a sus profesores…

-[En México] los maestros estamos abandonados, los de educación pública, privada, la que sea. Los sueldos son miserables… Es un trabajo súper desgastante, no puedes nada más hacerlo de lejitos. O te metes por completo en cuerpo y alma y sales llorando del salón y te preguntas de verdad si quieres hacerlo o no, o no estás siendo profesor. Siento que sí estamos muy solos”.

Ella encuentra poco útiles ciertos indicadores del Programa Nacional de Lectura que se han aplicado a escuelas primarias y secundarias, entre ellos, el conteo de palabras: el profesor debe contar con cronómetro cuántas palabras por minuto leen los alumnos. Y también está el asunto de la comprensión.

“La comprensión lectora es la menos especificada, porque, ¿cómo sabes si comprendieron? Es lo más difícil de saber. Además, lo que ellos comprenden no tiene que ser lo que yo comprendo. Por ejemplo, yo soy una lectora lentísima, durante mucho tiempo me avergonzaba un poco de eso”, confiesa. “Me daban algo a leer y entonces yo me hacía como que lo estaba revisando para decir: ‘Sí lo entendí’, y luego a escondidas lo leía otra vez para de verdad entenderlo”.

Por lo pronto, su plan de trabajo sigue implementándose en Educare. En cuanto Carol dejó atrás su desinterés por el lenguaje del futbol empleado por sus alumnos, sus códigos, el contexto socioeconómico alrededor del deporte más popular de México, ese que arrastra a cientos de miles de jóvenes a probar suerte en las fuerzas básicas de clubes como Chivas con la esperanza puesta en, algún día, debutar en Primera División, ganar toneladas de dinero y –si hay calidad y los astros se alinean–, eventualmente volar rumbo a Europa y seguir los pasos de gente como Javier “Chicharito” Hernández, Rafa Márquez, Carlos Vela, Andrés Guardado o Héctor Moreno.

La experiencia con los jóvenes futbolistas de Chivas le sirvió para borrar todo atisbo de duda y ratificar que su vocación y su pasión pertenecen enteramente a las aulas.

“Muchos de mis alumnos me preguntan: ‘¿Por qué estás aquí, sí te gusta dar clases? ¿Por qué nos aguantas?’ Y les respondo: ‘¡Pues porque me gusta!’”

Texto y foto Enrique González

 

 

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