CULTURA

Festivales, música y negocios

Jordi Puig y Robbie Lear, dos de los promotores más activos en México, conversaron con estudiantes de Gestión Cultural sobre lo que implica montar con éxito un festival musical.

POR ENRIQUE GONZÁLEZ

¿A quién pones como banda principal, a Los Fabulosos Cadillacs o a Café Tacvba? ¿Cuántos grupos en inglés y cuántos en español hay que traer? ¿Dónde organizas tu festival, dentro o fuera de la ciudad? ¿Cómo convenzo a la gente para que compre lo antes posible sus boletos, para ganar su fidelidad festival tras festival?

Blur, banda británica, estuvo en Guadalajara en el Festival Coordenada 2015

Blur, banda británica, estuvo en Guadalajara en el Festival Coordenada 2015

Respondieron muchas, pero las preguntas podrían haber seguido un buen rato en la charla que sostuvieron con estudiantes del ITESO Jordi Puig y Robbie Lear, dos nombres clave para entender el despunte de los grandes festivales musicales en México y el auge de varias agrupaciones independientes en las últimas dos décadas.

Puig está detrás de los festivales Vive Latino (vivelatino.com.mx) y Coordenada (coordenadagdl.com.mx). El primero se celebra desde hace 18 años en la Ciudad de México y es toda una referencia para la música latina en el continente. El segundo va por su tercera edición en Guadalajara, con muy buenos resultados; el año pasado reunió a casi 30 mil personas en torno a bandas como Blur o Café Tacvba.

En el caso de Lear, después de pasar años en discográficas hoy trabaja en la empresa De Gira (degira.com.mx), encargada de producir actividades musicales y teatrales. Ambos llegaron a la universidad invitados a participar en el Aula Abierta que organizaron el Centro de Promoción Cultural y Licenciatura en Gestión Cultural en el Auditorio D1.

Lo primero que hizo Puig fue echar una mirada al pasado.

“El primer año [1998] no nos funcionó; fue una bonita idea, los resultados no los recoges luego, liego y nos bajoneamos un poco; soñábamos con 25 mil personas y no sucedió, pero hubo una vibra, un ‘algo’ muy interesante en el ambiente y mi jefe de aquel tiempo lo vio y al año siguiente repetimos el festival con Los Fabulosos Cadillacs y el Vive Latino explotó. El resto es historia”.

Y luego explicó lo que implica, hoy, sacar adelante un mastodonte como estos.

“Los festivales son carreras de resistencia, no de velocidad. Tienes que ver tu cartel de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo, por todas partes”, compartió Puig, quien recordó cómo empezó en el negocio del espectáculo organizando fiestas en la casa de sus abuelos en la capitalina Colonia del Valle.

“Tienes que pensar en paralelo en quién es tu cabeza de cartel, porque al final del día es el que te va a mover los boletos, el que te va a generar expectativa, pero si no tienes propuestas que muevan a ciertos líderes de opinión, el festival se queda sin alma; tienes que buscarle para hacer un cartel lo más balanceado posible”.

Aciertos y errores. Una larga lista de ambos es los que le han permitido a Puig consolidarse como uno de los principales organizadores de espectáculos en el país. El público le soltó varias preguntas, interesado en conocer toda clase de detalles sobre la organización, la manera en que atraen a la gente, cómo seleccionan a las bandas o cómo responden a las críticas en redes sociales. ¿Y cómo aprendió? Viajando y asistiendo a grandes citas festivaleras como Glastonbury, Coachella o el Primavera Sound.

“El día después de anunciar el cartel te hacen pedazos, pero no puedes ser esclavo de eso”, dijo Puig. El Coordenada de este año en el Parque Trasloma –cuyos costos totales rondan los 30 millones de pesos– traerá el 22 de octubre a Guadalajara a Los Fabulosos Cadillacs, Carla Morrison, Bloc Party, Cut Copy o Capital Cities, entre otros.

Los estudiantes también le preguntaron sobre la sustentabilidad del festival. En lugar de separar su basura o propiciar que no se vendan cientos de botellas de agua, tanto el Vive Latino como el Coordenada compran bonos de carbono para que la ONG ProNatura tenga recursos para reforestar algunas zonas de Oaxaca.

Pero sí reconoció que la enorme cantidad de energía que requiere un festival con 20 o 30 bandas es muy poco amigable con el ambiente.

“Una planta de luz consume diésel y contamina… es lo que hay”. Foto Roberto Ornelas

 

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