SOCIEDAD

Entender el rol de género propicia mejores programas sociales

El empoderamiento femenino en la sociedad poco a poco va ganando terreno; el emprendimiento es una opción para mujeres que aspiran a una mejor calidad de vida y jefas de familia que sostienen a sus hijos.

El Centro Productivo Empresarial Comunitario (CPEC), programa social del Desarrollo Integral Familiar (DIF) de Zapopan, se sumó en 2011 a este cambio de paradigma en la Colonia Vista Hermosa. Con el objetivo de apoyar a mujeres en situación de vulnerabilidad, ofrece cursos y talleres que deriven en la autogestión de su propio negocio; son gratuitos, cuentan con apoyo de profesores de UDG Virtual y en ellos se les enseñan computación, mercadotecnia y jardinería, entre otras disciplinas.

Selene y Estefanía

Selene de la Cerda y Estefanía Sánchez, egresadas de Psicología del ITESO

Aun así, el número de deserción de las mujeres inscritas rebasa casi el 50%. ¿Por qué?

Estefanía Sánchez y Selene de la Cerda, egresadas de Psicología por el ITESO, realizaron un diagnóstico en colaboración con el DIF Zapopan y el CPEC para su Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) “Una perspectiva del desarrollo de programas de empoderamiento en mujeres”, asesoradas por la maestra María Ángeles Rosas.

Durante el periodo Otoño 2013 visitaron las instalaciones del DIF en Vista Hermosa para analizar la situación y presentar un informe a los coordinadores del programa. Asistieron a varias de las clases y talleres, entrevistaron a los profesores, a las mujeres egresadas del periodo anterior y a las nuevas inscritas; cuentan que la disminución de mujeres era evidente de un día para otro. De 37 mujeres que comenzaron, había 23 al concluir con su PAP y aún no terminaba el periodo.

El diagnóstico

El CPEC, en su opinión, es un buen programa, está correctamente estructurado, tiene buenas intenciones y se preocupa mucho por las mujeres que asisten. Destacaron además que se distingue de otros programas sociales al no ser solo asistencialista, porque provee herramientas para la autogestión.

“La mujer en los programas sociales no cuenta con un espacio de empoderamiento o de empuje para comenzar un negocio, muchos son insumos para sus casas”, explica Selene. “Este programa tiene una idea muy buena: nos gustó que les enseña a hacer su negocio y se los presenta como algo que no es nada descabellado y con disciplinas que ellas pueden hacer”.

Sin embargo, detectaron áreas de oportunidad que, al ser atendidas, podrían evitar la deserción y provocar que un mayor número de egresadas tengan negocios exitosos.

Un gran impedimento para que las mujeres terminen exitosamente el programa tiene que ver con las cuestiones del rol femenino en su contexto sociocultural: los roles de madre, de esposa y de cuidadora están arraigados en Vista Hermosa como tareas primordiales de la mujer.

Ellas tienen miedo de emprender porque en su contexto social no es visto de manera accesible, quienes los rodean no llegan a esa posición cotidianamente, porque la figura de proveedor está atribuida a los hombres; ciertas mujeres que iban acompañadas de sus maridos a una sesión no volvían en los días siguientes.

“El problema es que no se está considerando el papel social que tiene la mujer en cada colonia desde el reglamento del mismo programa”, dice Estefanía. “Es la reflexión a la que llegamos: si se involucran más a conocer a la población a la que se le ofrece este programa, van a entender cómo estructurarlo para lograr los objetivos deseados”.

Las recomendaciones

Entender la transición por la que pasan estas mujeres al ingresar al programa implica a finar ciertos planteamientos del programa y orientarlos a sus condiciones reales.

Los programas sociales de muchas instancias gubernamentales, de acuerdo con sus investigaciones, se ven obstaculizados en su camino al éxito debido a que están estructurados de manera homogénea y la agenda parte desde la visión de las instituciones, antes de evaluar detenidamente caso por caso y adecuarse a las necesidades, obstáculos y oportunidades específicas de esa comunidad.

Entre las recomendaciones que ofrecieron las estudiantes, está la reestructuración de horarios; el curso dura un promedio de tres horas diarias por las mañanas, de lunes a viernes, durante 4 meses. Aunque no es demasiado tiempo para interrumpir sus labores, muchas de las mujeres inscritas realizan de una a dos horas de traslado total, además de dejar a sus hijos en la escuela o terminar sus roles en el hogar. Muchas mujeres faltaban algunos días, y al regresar no podían ponerse al corriente y abandonaban el programa.

Sugirieron vincular los temas de las clases para que puedan aplicar sus conocimientos de forma interdisciplinaria. Muchas de estas mujeres tienen un grado escolar medio y bajo, deben lidiar con diversos discursos en los talleres y además —muchas de ellas— soportar la confrontación que tienen en sus casas por ausentarse de sus tareas domésticas.

También recomendaron continuar con el seguimiento individual y apoyo sicológico personalizado durante todo el curso y no solo al inicio de este. “El cambio no solo es lo que aprenden en los talleres, son también los cambios que tienen en casa, con sus hijos, su marido y su comunidad; son [cambios] muy fuertes para ellas”, opina Selene.

Un área que encontraron interesante fue la de detectar los éxitos alternos derivados del taller; aunque el objetivo primordial es el de instalar un negocio, muchas mujeres implementaron técnicas (sobre todo de jardinería o de horticultura) de autoconsumo en sus propios hogares y redujeron gastos con un resultado muy exitoso. Se puede incluir como objetivo y expandir la cultura del autoconsumo y crecerlo a un micro negocio sustentable.

Señalaron también la importancia d la continuidad; al estar condicionados a la administración que los atiende, la temporalidad de los programas depende del gobierno que se encuentra activo y si existe un cambio de administración que no herede información, apoyos y dirección,  existe el riesgo de una ruptura en la continuidad del programa.

“Nuestra meta fue hacer una reflexión que pudiera servir para próximos proyectos y programas sociales, y para promover que se investigue más a fondo la cuestión de género”, explica Estefanía. “Para poder implementar un programa debes adaptarlo a las especificidades de cada población, no importa qué administración (gubernamental) sea”.

El género es un factor que ambas consideran que no está completamente estudiado como para entender su alcance en la implementación de los programas sociales en México. “Mucha de la información que hay sobre los roles femeninos es muy general, sin tomar en cuenta la población vulnerable. [Hay que] profundizar sobre cuáles son estos roles femeninos en las poblaciones vulnerables para poder estructurar proyectos, y reconocer que también hay diferencias entre sí”. Texto Adriana López-Acosta Foto Luis Ponciano

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