CIENCIA / SOCIEDAD

Dormir bien para vivir bien

Sergio Meneses, un estudioso de los procesos cerebrales relacionados con el sueño, encabezó en el Café Scientifique ITESO una nutrida conversación sobre sus causas, sus beneficios y los graves problemas provocados por su ausencia.

Aristóteles sostenía que unos vapores que soltaba nuestro organismo a la hora de hacer la digestión de los alimentos llegaban al corazón y nos inducían el sueño; se cree que Leonardo Da Vinci solo dormía tres horas, y Charles Dickens no podía dormir a gusto si su cama no estaba orientada hacia el norte y él no se acostaba justo al centro de la cama.

Dormir

El sueño y el dormir, esa actividad que los seres humanos hacemos un tercio de nuestras vidas, fueron la materia prima del Café Scientifique del martes 12 de mayo, con la presencia en la Casa ITESO Clavigero del especialista Sergio Meneses, quien encabezó la sesión titulada “Vive soñando”, y en la que casi un centenar de asistentes se explayaron con sus preguntas al científico.

¿Por qué dormimos? ¿Qué le pasa a nuestro organismo si no lo hacemos? ¿Podemos controlar lo que soñamos? Dormir es reparador, regula los ciclos biológicos y es indispensable para llevar una vida diurna sana (entre seis y ocho horas es lo recomendable para un adulto) y las razones por las que el cuerpo decide irse a dormir son multifactoriales.

Más allá de la disminución de luz y estimulaciones exteriores (lo más normal es dormir de noche, aunque hay millones de personas que tienen que invertir esto debido a sus ritmos de vida), existen estructuras cerebrales y sustancias internas, conocidas como hipnotoxinas, que nos llevan a cerrar los ojos y resetear el cuerpo, promoviendo la “plasticidad cerebral” y ayudando a que ciertas neuronas se conecten (actividad sináptica) y otras conexiones se desvanezcan, dependiendo de cuáles estimulamos durante nuestras horas despiertos.

Según el filósofo Robert Macnish, autor en 1830 del libro La filosofía del sueño, el sueño es ese estado intermedio “entre la vigilia y la muerte”. Meneses citó estudios que confirman que quienes duermen mejor, aprenden más y retienen más información que los que no y que los médicos en hospitales que durmieron sus ocho horas cometieron muchos menos errores que aquellos profesionales de la salud que hicieron esos clásicos y maratónicos turnos sin parar durante 36 o 48 horas.
“Tenemos que dormir para reparar, para fijar la memoria, para controlar el metabolismo celular. El sueño cumple una función vital”, subrayó Meneses, Maestro en Psicología por la UNAM, investigador del Instituto de Neurociencias de la UdeG y profesor de asignatura en el ITESO.

Y si no se duerme bien –las causas pueden ser muy distintas– vendrán los trastornos del sueño y las enfermedades: jet lag, insomnio, sonambulismo, gente que rechina sus dientes al dormir (bruxismo), ronquidos, narcolepsia o apneas del sueño (dejar de respirar cuando se duerme; en los bebés se conoce como la “muerte de cuna”), las cuales deben tratarse con un especialista.

Meneses recordó los estudios de hace algunas décadas con perros y conejos a los que se les impedía dormir para, posteriormente, extraerles sustancias hipnógenas como el llamado “Factor S”, el cual, al ser inyectado en animales que sí habían dormido, los llevaba a los brazos de Morfeo, el Dios griego de los sueños.
Lo que se ha comprobado, dijo, es que durante el estado de vigilia del individuo (despierto), en circunstancias regulares estas sustancias se van produciendo poco a poco hasta que, eventualmente, llegan al cerebro y nos invitan a dormir.

El Café Scientifique ITESO es una actividad organizada por el Centro de Promoción Cultural para acercar la ciencia a los asistentes de una manera directa y amena. Si quieres escuchar los audios de sesiones anteriores, ingresa a su sitio oficial.

Al hablar de la fase de sueño MOR (Movimiento Ocular Rápido, REM por sus siglas en inglés, ese momento en el que tenemos una mayor intensidad en nuestras ensoñaciones), Meneses mencionó que lejos de pensar en un cerebro con actividad lenta, está comprobado que la actividad neuronal es prácticamente la misma que tenemos cuando estamos despiertos. Texto Enrique González Imagen “Sleeping woman”, de Felix Vallotton

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