OPINIÓN

Desigualdad e iniciativa social

La desigualdad no se reducirá si no se transforma la manera de funcionar del sistema económico y las políticas tributarias. Frente a esto son muchas, por fortuna, las acciones emprendidas desde la sociedad
FELIPE ALATORRE, Profesor del Centro de Investigación y Formación Social

Las alarmas se activaron hace ya varios años. ¿Cuál es el motivo? La creciente desigualdad que, cual plaga, se extiende por el mundo y amenaza la vida de millones de personas. Las señales están frente a nosotros, en los cruceros de nuestra ciudad donde familias enteras, niños en situación de calle o migrantes buscan conseguir algún apoyo para sobrevivir un día más. ¿Tendrá relación el tema que nos ocupa con el hecho de ver a personas hurgando en los depósitos de basura en la búsqueda de algún alimento?

Según el Informe Mundial sobre Ciencias Sociales 2016, elaborado por el Consejo Social de Ciencias Sociales y el Instituto de Estudios sobre el Desarrollo, y editado con la UNESCO, la desigualdad constituye una amenaza al crecimiento económico, la cohesión social y los procesos de democratización en el mundo. También es un elemento que puede dar al traste con los acuerdos en torno a los Objetivos para el Desarrollo Sostenible al 2030 (Organización de Naciones Unidas, septiembre 2015).

El informe en cuestión señala que la desigualdad es un proceso –o mejor dicho un conjunto de procesos, ya que no sólo se limita a lo económico–, que llevó a que en el año 2015, el 1% de la población mundial acumulara “casi la mitad de la riqueza poseída por el conjunto de las familias del planeta” y que las 62 personas más ricas del mundo acapararan los bienes equivalentes a la mitad de todos los pobres del globo. Un hecho hace más grave la circunstancia: más allá de privar de recursos materiales a las personas, tiene consecuencias “psicológicas e inmateriales en el bienestar general”.

Sobre el incremento de la desigualdad, en el estudio se apunta que éste se da en las décadas de los años 80 y 90 con la expansión del modelo neoliberal, proceso que tiene como marco la globalización y la financiarización de la economía, pero es a partir de 2008 –con la crisis económica de entonces– que aquella tiende a agudizarse. Las alarmas se encienden –y con razón– dada la muy estrecha relación entre desigualdad y las cada vez más frecuentes expresiones de inconformidad y violencia social en muy diversos contextos. Ante ello el tema ha sido recolocado en la agenda política mundial en los años recientes.

México es un caso ilustrativo de la creciente desigualdad. Gerardo Esquivel Hernández (2015) en su informe “Desigualdad Extrema en México Concentración del Poder Económico y Político” preparado para Oxfam México señala que nuestro país es la decimocuarta economía del mundo, y sin embargo, 53.3 millones de personas viven en la pobreza (y que) mientras el PIB per cápita crece a menos del 1% anual, la fortuna de los 16 mexicanos más ricos se multiplica por cinco”. La paradoja mexicana es cruda: un país rico habitado por millones de pobres.

¿Qué hacer para enfrentar el problema? En México algo se intenta hacer desde el gobierno mexicano a partir de la política de desarrollo social con resultados poco claros ya que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) en su informe 2014 señala que “el ingreso real de las familias ha caído desde 1992 y en 2014 no recupera el nivel que tenía en 2007; la calidad de los servicios educativos y de salud es aún insuficiente para la población con menos ingresos; los programas productivos no han tenido resultados adecuados, (por la) gran dispersión de programas sociales en los tres órdenes de gobierno…” Más allá de lo señalado, es claro que la desigualdad no se reducirá si no se transforma la manera de funcionar del sistema económico, y las políticas tributarias.

Frente a esto son muchas, por fortuna, las acciones emprendidas desde la sociedad. Algunas, surgidas del hartazgo y de la claridad de que no hay mucho que esperar desde lo gubernamental, se desarrollan hace años y no sin dificultad desde las comunidades zapatistas. Las poblaciones michoacanas de Cherán y Tancítaro siguen sus pasos (bit.ly/2o8t0tV). Desde Veracruz, nos proponen el Tumin, una moneda comunitaria para activar las economías locales (bit.ly/2oqIg1m). La Cooperativa Tosepan Kali nos muestra las potencialidades de la economía solidaria (bit.ly/2o9Psj0). Más cerca de nosotros la Alianza Ciudadana para el Desarrollo Alternativo Sur de Jalisco construye alternativas comunitarias a partir de cooperativas de producción. (bit.ly/2o9R38N)

Los espacios rurales no son los únicos en los que se buscan alternativas. La ciudad de Guadalajara, Jalisco, es la sede de una de las redes ciudadanas cuya relevancia radica en su apuesta por construir espacios de encuentro, agendas compartidas, y colaboración entre organizaciones civiles, sociales y colectivos presentes en la ciudad y el estado. Nos referimos a la red !Tómala! –creada en 2014, pero cuyos orígenes se remontan al 2010 con la coalición Guadalajara para Todos– y que tiene como núcleo una docena de organizaciones, como Congreso Ciudadano de Jalisco, Haz tu Ley, Guadalajara 2020, Ciudad para Todos, Las Otras Caras de la Ciudad, la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI), Consejo Ciudadano del Bosque de la Primavera, entre otras.

El tema de la desigualdad, es parte central de la agenda de ¡Tómala! (www.tomala.mx/) y en distintos espacios busca mostrar la realidad cotidiana y contrastarla con la que presentan los informes anuales de gobierno. Así, en 2015 se presentó el “Informe desde la Sociedad Civil” con los análisis de una docena de observatorios ciudadanos en Jalisco. En 2016 se analizó la situación del agua y los bosques en Jalisco y realizó un foro en torno a la pobreza en el Jalisco.

Recién, el 13 de marzo de 2017 se efectuó el foro #NuestrasMiradas Sobre una ciudad desigual (bit. ly/2mIWb6p) que tuvo la particularidad de que los ponentes fueron personas provenientes de comunidades y grupos asentados en territorios urbanos y periurbanos que viven la exclusión. Testimonios todos de una realidad estrujante, que poco se conoce, de historias 30 años de demandar servicios, a los gobiernos sin encontrar respuestas. Años de búsqueda desesperada por un hijo desaparecido. Años de vivir la desigualdad…

Si las alarmas están sonando ¿qué estamos haciendo en ITESO?, ¿a qué iniciativa nos podríamos sumar o qué nueva acción pudiéramos impulsar para enfrentar la desigualdad? Son múltiples los espacios desde donde las y los universitarios ya realizamos acciones, entre ellas la participación en los proyectos que la universidad realiza con poblaciones colocadas en situación de vulnerabilidad; la mayoría incluyen la modalidad de PAP, y en otros se puede participar como voluntario o vía el programa de becas. Otra opción puede ser colaborar en proyectos de investigación que generen conocimiento sobre las formas particulares en que la desigualdad se da en nuestra región. Unas más pueden concretarse con cursar las materias que abordan el tema y colaborar en las acciones universitarias para fortalecer las iniciativas ciudadanas como las que realiza !Tómala! Información que puede serte de utilidad la encuentras en el sitio formacionsocial.iteso.mx/

¿Están sonado las alarmas? ¿Las escuchas?

Etiquetas:

Un comentario

  1. Guadalupe Morfín dice:

    Vale la pena citar también la Acción Ciudadana frente a la Pobreza, iniciativa coordinada por Rogelio Gómez Hermosillo, de alcance nacional.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*