CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Champagne, cometas y estrellas de larga cabellera

POR JAVIER ZAPATA ROMANO
Profesor del Departamento de Matemáticas y Física 
Muchos pueblos y culturas, desde la antigüedad, han visto a los cometas como agentes de mal agüero, mensajeros de catástrofes y desastres; los asociaron con la caída de imperios, la aparición de pestes, enfermedades y otras tragedias.

Cometa

Pero los cometas no solo han construido una mala reputación en la historia de la humanidad, también lograron tejer una fama de prestigio y reconocimiento en la gastronomía, particularmente en la enología.

¿Cómo fue posible que su imagen se plasmara en los corchos y las botellas de las mejores maracas de champagne y cognac? Para entender esto hay que contestar una pregunta previa: ¿Por qué los cometas se identificaron como mensajeros del mal?

Ahora sabemos que los cometas son cuerpos hechos de hielo, piedras y polvo, y que al acercarse al Sol se evaporan, desprendiendo de su cuerpo principal –llamado coma– material, el cual forma una cola o cauda. En ocasiones la cauda es tan notaria y luminosa que puede observarse aun de día. Esta estructura básica de los cometas la propuso por primera vez Friedrich Bessel, a principios de 1880; Fred Whipple la retomó en 1951 y formuló el modelo que actualmente conocemos.

Los cometas –su nombre proviene del griego kometes “estrella de cabello largo”– son uno de los espectáculos astronómicos más llamativos y extraordinarios que existen. De ahí que a veces adquieran el sobrenombre de “gran cometa”. Sin embargo, la percepción de ellos como algo bello y majestuoso tiene apenas unas cuantas décadas. Los encuentros entre los hombres y los cometas, o “Estrellas Escoba”, como eran llamados por los chinos, están llenos de malas experiencias, sinsabores y supersticiones. Por mencionar solo algunos casos:

El primer registro que se hizo del cometa Halley data del año 240 aC en China, dentro del libro Shih chi. Ahí se relacionó su aparición con la muerte de la reina Dowager Xia, un frío mes de mayo.

Al cometa del año 66 dC se le asoció con la caída de Jerusalén. En el México prehispánico, en 1517 –dos años antes de la llegada de los españoles– Moctezuma Xocoyotzin observó un cometa que de inmediato identificó como una de las tantas señales de la caída del Imperio Mexica. Esta visión se encuentra registrada en el Códice Durán.

Tolomeo –alrededor del año 150 dC– clasificó a los cometas en base a su forma (como rayos, trompetas, jarras y otras figuras), y los culpó de ser causantes de guerras y desórdenes climáticos. Cabe señalar que la visión catastrófica de los cometas no es privativa de Occidente.

Esta se ha dado en básicamente todas las culturas y en todos los tiempos y se debe a la naturaleza y al instinto humanos. Una explicación muy sencilla, y no por eso menos cierta, es el miedo del hombre a los cambios desconocidos y repentinos: si a una persona caminando al aire libre le apagan el Sol al mediodía, tendría suficientes motivos para sentirse muy atemorizado; o si al regresar de una jornada laboral por la tarde o noche se percata de una estela de luz en el cielo, la cual no estaba el día anterior, tendría una buena razón para preocuparse; más aún si dicha estela crece noche tras noche, adquiriendo formas extrañas. Las auroras boreales y australes también cabrían dentro de estos fenómenos.

Pero detrás de estos temores hay algo aún más profundo.

Los cielos, tanto en Oriente y en Occidente, en China y en Grecia –como en muchas otras culturas–, desde el paleolítico se asociaron a lo permanente, a lo absoluto y a lo eterno. Las estrellas y sus movimientos en el firmamento fueron ejemplo de un orden absoluto, la base de la confianza y la seguridad, porque eran inmutables y perenes. De ahí que la aparición súbita de un cometa, la “estrella con cabellera”, ponía en riesgo lo inamovible. No era el caso de los eclipses, que fueron predecibles cientos de años antes de Cristo por los babilónicos y los asirios; en cambio con los cometas, aun en nuestros días, es imposible predecir su aparición, salvo el caso de los cuerpos periódicos.

Aristóteles, quien dividió al Universo en dos espacios, propuso que los cometas eran cuerpos pertenecientes al mundo sublunar, un poco más allá de las nubes, formados por los cuatro elementos básicos (agua, tierra, aire y fuego). Por ende los cometas, elementos cambiantes que un día aparecían y al siguiente desaparecían, eran una señal del desorden y la corrupción de nuestro mundo y no podían significar otra cosa que calamidades y desastres.

Esta visión se ve especialmente acentuada en Occidente por su herencia judeo-cristiana. En los evangelios sinópticos (Mateo 24, 29-30; Marcos 13, 24-25; Lucas 12, 54-56 y Lucas 21, 25) se hace una mención explícita de eventos astronómicos que serían las señales de un cambio de era:

“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”. Mateo 24, 29-30.

Cuando Tycho Brahe y Johannes Hevelius, de manera independiente, midieron la trayectoria y la distancia del Gran cometa de 1577 y notaron que estaba más allá de la Luna, las cosas fueron a peor: el desorden también existía en el mundo supralunar.

Fue hasta finales del Siglo XVII cuando los cometas se empezaron a desmitificar y a verse de forma más objetiva y científica. El Gran Cometa de 1680, o Cometa de Kirch, en honor a Gottfried Kirch, quien lo descubrió el 14 de noviembre de ese año, fue el primero en ser detectado gracias a un telescopio.

A este Gran Cometa también se le conoció como el Cometa de Newton, porque Isaac Newton utilizó su Teoría Universal de Gravitación para calcular su órbita y demostrar que estos objetos también se sujetaban a las leyes físicas del Universo.

Antes de 1680 muchos astrónomos creían que los cometas se comportaban siguiendo sus propias reglas, exentos de las leyes del Universo. El comportamiento de los cometas fue el último de los temas de Newton en sus Principia Mathematica y probó que los cometas, como los planetas, estaban sujetos a la gravedad del Sol.

Para el mismo Newton, el comportamiento de los cometas fue el tema más complicado de todos los expuestos en su gran obra. Calcular su órbita tomaba hasta 6 semanas de trabajo. En 1682 apareció otro cometa que cautivó al geofísico, oceanógrafo, matemático y segundo Astrónomo Real, el inglés Edmond Halley. Después de 10 años de investigación y utilizando los datos de John Flamsteed, obtenidos en el observatorio de Greenwich, Edmond Halley identificó que este cometa era el mismo visto por Johannes Kepler en 1607 y por Pedro Apiano en 1531 y calculó que su periodo era alrededor de 75 años. En su obra Sinopsis sobre la astronomía de los cometas (A Synopsis of the Astronomy of Comets) Halley predijo que este cometa regresaría en 1758. A partir de entonces fue bautizado en su honor como el Cometa Halley.

Cometas y champagne

¿Y cuál es la relación entre los vinos espumosos y los cometas? Los cortejos más evidentes se dieron hasta 1811, con el gran cometa Flaugergues (llamado así en honor a su descubridor Honoré Flaugergues), mejor conocido como el Gran Cometa de 1811.

Después de dos años de pésimas cosechas, este Gran Cometa trajo una de las mejores añadas –si no es que la mejor– de la que se tenga memoria. Ese verano fue largo, seco y caluroso, especialmente en Francia, lo que culminó en una cosecha muy abundante.

Desde entonces los cometas –por lo menos en el ámbito vitivinícola– auguraron buena suerte, cosechas y añadas. Su imagen quedó en los corchos y en las botellas como la herencia y el fruto de su unión con los vinos, el champagne y el congac. El mejor ejemplo de esta añada –y de esta unión– es la champagne “Viuda de Clicquot” (Veuve Clicquot). Madame Clicquot, en 1811, produjo una de las mejores champagne la cual la posicionó a nivel mundial, en especial en Rusia. Desde entonces la Casa Veuve Cliquot Ponsardin hizo al cometa su símbolo de suerte y el guardián de su destino. También champagne Bollinger y el cognac Vieux adoptaron la imagen del cometa. Otros casos que, aunque no han agregado la imagen de los cometas a su marca, si ligan su éxito a ellos son el vino blanco 1811 Chateau d’Yquem, calificado como uno de los mejores vinos de la historia y el más caro de su tipo; Chateau Trotanoy Pomerol, los coñac Roi de Rome, Napoleón, Imperial, entre muchos otros.

Pese a lo anterior el Gran Cometa de 1811 no dejó de tener un carácter trágico. A él se le atribuye el fracaso de Napoleón Bonaparte en su invasión a Rusia y su posterior caída en 1812; y la Guerra Anglo-Americana o Guerra de 1812 en donde se enfrentaron los Estados Unidos y el Reino Unido, y que entre muchas cosas, ocasionó el incendio de la Casa Blanca y del capitolio en 1814. Cabe aclarar que aunque científicamente no existe ninguna correlación entre los cometas y la calidad de las añadas, desde 1811 las “añadas de cometas” se han vuelto de suma importancia para las casas vitivinícolas. Tales son los casos de las añadas 1832 del cometa Biela, 1858 del cometa Donati, 1874 del cometa Coggia, entre otras muchas.

Aunque es en 1811 que formalmente se consolida la unión entre los cometas y los vinos, sus primeros romances, como se comentó anteriormente, bien se pueden trazar desde finales del 1664. Los vinos espumosos datan de los romanos, que fueron los primeros en tener viñedos en la región de Champagne cerca del año 57 aC. Los vinos que ahí se desarrollaban eran ligeros, pálidos, ligeramente rojizos, ácidos, con poca azúcar y menos cuerpo que los vinos desarrollados en las zonas vecinas.

Por eso Champagne se enfocó más en los vinos blancos que en los tintos. Los vinos blancos, principalmente de la uva roja Pinot noir, tenían un corto tiempo de vida, con sabores apagados, de colores que iba desde el blanco grisáceo hasta el rojizo o rosado pálido.

Alrededor del 1660, para mantener sus características físicas (color, sabor y duración) mejor preservadas y por más tiempo, los vinos blancos pasaron de conservarse en barricas a ser embotellados, trayendo consigo un nuevo problema: muchas de las botellas, en ocasiones tres de cada cuatro, explotaban o aventaban el tapón inexplicablemente. Ahora sabemos que se debe al gas bióxido de carbono generado durante la fermentación. Pero en aquel entonces era todo un misterio. Y cuando algunos cometas aparecieron, en la década del 1660, no hicieron sino agregar a estos vinos todo un halo de misticismo y de superchería.

Entre 1664 y 1668 aparecieron 3 cometas. Dos de ellos muy brillantes y con sólo 4 meses de diferencia: en noviembre de 1664 y en marzo de 1665. Además un eclipse parcial de luna ocurrió el 31 de enero de 1665. Estos eventos astronómicos, y en especial la aparición tan seguida de los cometas, trajeron a las sociedades europeas una ola de paranoia y miedo. Un reflejo de esto se puede leer en el libro De Cometis, publicado en 1665 por el astrólogo inglés John Gadbury:

“¡Estas estrellas llameantes! Amenazan al mundo con hambre, plaga y guerras… a los príncipes, muerte; a los reinos, muchas crisis; a todos los estados, pérdidas inevitables!” Particularmente en Inglaterra sus profecías tuvieron mucho éxito, primero con la Gran Plaga de Londres que duró de 1665 a 1666; y luego el Gran Incendio de Londres del 2 al 5 de septiembre de 1666. Los vinos espumosos también fueron víctima de esta paranoia colectiva. Se les bautizó como “el vino del diablo” o el vino “salta tapones” haciendo a los cometas la causa de sus extrañas características (burbujas, color o explosividad). A pesar de sus sobrenombres –y de su peligrosidad– este vino contó con una gran aceptación y consumo, especialmente en Inglaterra, por lo que su producción aumentó.

Alrededor de 1670, en la abadía de Hautvillers, Dom Pérignon, un monje benedictino, trató de resolver los problemas que presentaba este vino del diablo. Implementó medidas importantes, no sólo al embotellado del vino sino también al proceso de fabricación del mismo.

Entre ellas están: una botella más gruesa, el tapón de corcho cilíndrico más grueso y sujeto a la botella a través de una cuerda (este tapón adquiere la forma de hongo debido a la presión con la que se mantienen dentro de la botella), una mejor selección de uvas, recolección de las uvas por las mañanas, procesos de prensado, etcétera. Estas medidas fueron la base de lo que actualmente se conoce como el método Tradicional o Método Champenoise.

Así pues, toda historia y todo encuentro, por más trágico y problemático que sea, siempre tiene algo de bueno. Tales han sido los encuentros entre los hombres y los cometas, en donde siempre los últimos son culpados de las desgracias de los primeros, excepto –y valga de excepción a la regla– cuando de vinos y licores se ha tratado. Foto NASA

*Javier Zapata imparte en el ITESO los cursos de "Astronomía" y "Astronomía, arte y mitología"

Bibliografía y ligas de interés:

The History of Astronomy de Heather Couper & Nigel Henbest

Historia del Vino de Hugh Johnson.

The Space Book de Jim Bell

Cosmos de Carl Sagan

Exposición Astronómica del Cometa de Eusebio Francisco Kino

The Story of Astronomy de Peter Aughton

Universe, The Definitive Visual Guide de Martin Rees.

Cometography: Volume 1, Ancient-1799: A Catalog of Comets by Gary W. Kronk

El Símbolo Sagrado de Julien Ries

Historia de las creencias y las ideas religiosas Vol 1 de Mircea Eliade

El Espejo Enterrado de Carlos Fuentes

http://ssd.jpl.nasa.gov/?great_comets

http://www.ianridpath.com/halley/halley2.htm

http://terrar.io/2013/03/don-carlos-de-siguenza-y-el-cometa-halley/

http://cometography.com/

http://www.guiaepicureo.com.ar/espumantes/historia_del_champagne.html

http://www.livescience.com/32829-why-celebrate-with-champagne.html

http://www.corkforest.org/history_of_cork.php

http://www.dcanterwines.com/blog/vintage-is-important-or-is-it/#.VT7uU5NsxvA

http://www.champagnejournal.com/common_champagne_questions_and_answers_files/4_Why_is_there_a_star_symbol_on.html

http://www.veuve-clicquot.com/en/signs#scroll-to-comet

http://www.dailycognac.com/1811-the-comet-vintage/

http://www.peachridgeglass.com/page/16/?cat=yxqqdzfyj

http://bordeaux-undiscovered.co.uk/blog/the-most-expensive-white-wine-in-the-world-1811-chateau-d%E2%80%99yquem-the-comet-vintage/

http://blog.bolomey.nl/2009/05/comet-vintages.html

http://www.oldliquors.com/cognac-1811-lucien-foucauld-co-4221

 

 

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