CINE

Arte y paciencia; dos cineastas y animadores cara a cara

Karla Castañeda y Erik de Luna, egresados del ITESO, lo tienen muy claro: su pasión es y seguirá siendo dirigir películas animadas. Ambos acumulan premios, experiencias e ideas por filmar; ya cocinan sus nuevos proyectos: él un cortometraje y ella un largometraje. 

Se conocieron en 2009, cuando gracias a amigos en común Erik se acercó a Karla para pedirle algunos consejos sobre cómo recibir apoyos del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) a la hora de financiar su cortometraje de animación en cine.

Él llevaba casi una década intentando estrenar su corto Electrodoméstico, mientras que ella ya había recibido aplausos, halagos y varios premios –entre ellos el Ariel–, por Jacinta, su ópera prima, un intimista relato animado en stop motion en el que, inspirada por su abuela, cuenta los últimos días de una anciana que se había pasado la vida tejiendo, así que algo podría aportarle al proyecto de Erik, el arquitecto que diseñó los escenarios de Sin sostén, el multipremiado filme de Antonio Urrutia, en colaboración con René Castillo.

La vida continuó para estos dos cineastas, escritores, directores y animadores –ella egresada de Ciencias de la Comunicación y el de Arquitectura por el ITESO– con muy buenos resultados: Electrodoméstico ganó en marzo de este año el Premio Rigo Mora a Mejor Cortometraje de Animación en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, y en mayo Castañeda obtuvo su segundo Ariel, ahora por La noria, otro relato sobre la vejez, la soledad y la muerte inspirado en sus vivencias familiares en el campo mexicano, con música de Gilberto Cervantes.

Este par de treintañeros se sentó a platicar una soleada tarde de junio en los jardines de la Casa ITESO Clavigero, donde se pusieron al día, De Luna conoció a Luciana, la pequeña hija de Castañeda y Luis Téllez –productor de sus cortometrajes y también animador– y charlaron sobre sus directores favoritos, apoyos económicos, stop motion (esa agotadora técnica que consiste en grabar cuadro por cuadro todos los movimientos de los personajes) y esa admirable paciencia y tenacidad que los mantiene ideando nuevas historias, buscando financiamiento y pensando en nuevos personajes para animar ante una cámara de cine.

Aquí van algunos fragmentos de la charla que sostuvieron Erik de Luna y Karla Castañeda:

¿Qué dirían del trabajo del otro?

Erik.- El trabajo de Karla me encanta. Se me hace riquísimo visualmente. Si algo me gusta de estos proyectos es la dirección de arte, de escenarios, de personajes, soy un fan. También las historias que cuentas me gustan mucho, estos simbolismos presentes en los dos cortos que has hecho, decir las cosas no directamente.

Karla.- Las tienes que pensar demasiado (risas), ver dos o tres veces el corto.

E.- Sí, eso sí es verdad, pero es increíble.

K.- He visto solo una vez el corto de Erik, me encantaría verlo dos, tres, cuatro, cinco veces. Se me hace un trabajo súper limpio, desde las maquetas, los personajes impecables. Y las historias. Se tenía muy pensado que en Guadalajara eran historias como muy oscuras, y está padre que sea otro tipo de género, ¿cómo lo llamarías? ¿Un poco de comedia?

E.- Es como una comedia negra.

 

¿Ven sus personalidades reflejadas en sus trabajos?

K.- Sí. De hecho los dos cortos (Jacinta y La noria) tienen que ver con mi familia.

La realizadora recuerda que todo comenzó cuando le tomó a escondidas unas fotos a un bebé muerto en el pueblo de sus abuelos, donde vivió varios años. La madre se dio cuenta, pero no la regañó, sino que la abrazó y la besó, pero con una advertencia: “Espero la foto revelada”. Fue ahí cuando empezó a leer sobre las fotos post mórtem y a reflexionar en sus raíces con el campo, la familia y la muerte…

E.- Electrodoméstico sí es una historia más crítica, crítica social. Hicimos un resumen de la sociedad en una pareja, la decadencia que podríamos analizar de la sociedad la llevamos a una pareja y la presencia de la tecnología la resumimos en la presencia de unos electrodomésticos. Dijimos: ‘Que no nos dé miedo hacer reír a la gente’.

K.- Es difícil hacer reír a la gente.

E.- Sí, es fácil que te salga mal, y creo que salió bien en ese sentido. Disfruto mucho el cortometraje con gente que no lo ha visto. Estoy contento.

Para lo que hacen se requiere de mucha, mucha paciencia, ¿de dónde la sacan?

E.- Es tenacidad, más que paciencia. Es tener muy claro y estar convencido de lo que estás buscando. Y hay que encontrar algunos trucos; en este caso pienso que fue resignificar y reinventar el proyecto varias veces, no desde cero, pero sí encontrar nuevos retos a cumplir, como la fabricación de los muñecos. Vamos haciendo muñecos en el mejor lugar donde hacen muñecos en el mundo, y eso se vuelve como un aliciente. Después la música, que también fue un proceso padrísimo en Electrodoméstico, por un lado la música que hizo Sherele –música judía–, que le aportó cadencia al corto, y después cerrar con una canción de Arnaldo Antunes, que es un músico que admiro tremendamente, de Brasil. Te vas poniendo nuevas metas para volverte a prender.

K.- La parte en que más paciente tienes que ser es durante la filmación. Crear a los personajes a mí me encanta, las maquetas, el arte… Pero cuando ya entras al foro, sabes que te vas a encerrar en un cuarto oscuro las 24 horas del día y sabes que quizá no te va a salir el movimiento que querías. Igual un caminado te va a quedar horrible y dices: ‘Bueno, así lo dejo, estoy cansada’, pero al día siguiente te levantas y dices: ‘No, no me voy a quedar con la cruda de que después lo voy a ver en el cine y voy a ver el caminado todo cucho, todo mal’.

E.- Hay planos que ya sabes: ‘Lo voy a tener que hacer dos veces, está complejo el plano’.

K.- O tres o cuatro. A veces ya vas a mitad del plano o ya vas terminando y de pronto el personaje se te rompe y entonces tienes que empezar otra vez, ahí como doctor, amarrarlo. (Karla recuerda una escena de Jacinta en la que unos gusanos que salen de un corazón humano se le derretían debido al calor, así que esa toma de aproximadamente cinco segundos la filmó en cuatro días, hasta que pudo enfriar la habitación). Ahora que hablando de los personajes, a mí me interesa más la historia; igual puedes contar algo con tres pedazos de piedra.

Saben que los apoyos económicos en México no fluyen. ¿Han tenido dudas?  ¿Cómo mantienen el fervor por hacer cine?

-Yo siempre estoy desesperada por lo mismo. Del Imcine son dos apoyos al año, imagínate para la cantidad de gente que hay, es muchísima gente la que quiere hacer animación. Y los de aquí [Jalisco] en realidad no te alcanzan ni para la renta de la bodega. No hay apoyo en realidad. Es muy desgastante. Ahorita estoy escribiendo algo, pero sale un trabajo, entonces tienes que hacer ese trabajo para que puedas seguir viviendo, ir a comprar tu súper, ponerle gasolina al coche. Siempre estás debiendo. No sé en tu caso…

E.- Es muy desgastante. Nosotros terminamos Electrodoméstico exprimidos. Yo tengo otro trabajo, estoy haciendo arquitectura y hago casas, pero no hay dinero que alcance. Es al revés, de pronto nos caía una chamba y todo se va para acá [el cortometraje]. Es un barril sin fondo.

K.- Terminas pagando a la gente lo que no es. Con el señor Ignacio López Tarso (participó en La noria, junto a Ana Ofelia Murguía) terminamos poniendo. (Al legendario actor mexicano Castañeda lo buscó durante meses, le costó muchísimo, pero se aferró porque le encantan sus películas, en especial Macario. Ahora López Tarso los invita a ella y a Téllez a sus obras de teatro. “Es imponente, súper lúcido y sencillo”.

¿Qué proyectos vienen?

K.- Yo ya no quiero hacer cortometrajes, ya quiero desarrollar un personaje, porque el Imcine sí te limita un poco, tienes ocho minutos, y yo digo: ‘¿Y si mi personaje quiero extenderlo, que sea diferente, y que tenga más personajes y que se cuente algo más?’ No me alcanzan ocho minutos. Apenas voy en una línea, ¡pero ya! Ya tengo los personajes creados, estoy investigando, me estoy yendo al pueblo. (A Castañeda le gusta mucho el realismo fantástico y mágico de escritores como Jorge Amado, Alejo Carpentier o Gabriel García Márquez. De hecho, uno de sus sueños es hacer algún día Cien años de soledad en cine animado).

E.- Un largometraje tiene la ventaja de que se puede vender, se puede exhibir, a pesar de los problemas que hay de distribución en México. (Erik también ya está escribiendo su guion; le gusta la literatura de Paul Auster y Julio Cortázar).

K.- En cada corto cada largo empiezas a ser más perfeccionista y a dejar todos los errores del pasado. 

E.- Esa es la emoción de empezar algo nuevo, darte cuenta que puedes darle fuerza a lo que supiste hacer bien y dejar de lado lo que no.

¿Están contentos con sus premios?

K.- Sí, está bien padre. Con Jacinta fue diferente, no te esperas nada, no sé si te pase a ti lo mismo.

E.- Sí, casi no esperamos (risas).

K.- Pero con La noria ya se vuelve diferente, ya se vuelve como más denso todo, más cardíaco.

E.- Yo no me lo esperaba, estamos muy contentos con el resultado. Pero a mí lo que más motivado me tiene es el nuevo proyecto, el tener una hoja en blanco en frente.

Emoción hay, aunque con la pregunta “¿Dónde conseguiré el dinero?” siempre planeando sobre sus cabezas. Imcine apoya poco, pero apoya, aunque el dinero privado no fluye, en parte porque las empresas parecen no entender que pueden deducir impuestos si apoyan al cine mexicano. Karla cuenta los viacrucis que ha atravesado en este sentido.

Pero no se rinde, ni siquiera cuando Imcine prohíbe tener músicos extranjeros en cortos mexicanos, siendo que ella casi tenía amarrados para La noria a Beirut y a los Tindersticks, bandas estadounidense y británica, respectivamente.

Erik se tardó 12 años y no tenía asegurados los recursos de Imcine que sí tuvo Karla, y por eso pudo cerrar Electrodoméstico con un tema del brasileño Antunes. “No pienso trabajar de otra forma, no pienso trabajar sin tener esas libertades”.

La charla termina, y cuando les pregunto: “¿A quiénes admiran?”, Tim Burton surge de inmediato, aunque a ninguno les encantó Frankenwennie, el último largometraje del animador y director estadounidense. Luego salen las “favoritas”. Karla no lo duda: Mary and Max (dice que la ha visto como 10 veces) película australiana de 2009. Erik elige El extraño mundo de Jack como su Biblia. Otros nombres que surgen son los de Hayao Miyazaki, Jean Pierre Jeunet, Juan Rulfo o Juan José Arreola, así como la animación francesa, particularmente la cinta Las trillizas de Belleville.

Texto Enrique González Fotos y videos Luis Ponciano/YouTube 

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